¿Y CÓMO SABER QUE LLEGÓ DICIEMBRE?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on diciembre 21, 2017 by mercybroma

Caricaturas: José Luis

Hasta los amarga’os de plantilla sacan su sonrisita el último mes del año. Las familias enloquecen, las calles parecen colmenas, todo el mundo jaba en mano, los comerciantes se ponen las botas y las alcancías exhalan su último aliento.

Cómo uno sabe llegó diciembre, pues muy fácil, basta con estar atento a estas señales:

    La suegra se pone cariñosa

La mamá de tu pareja, enemiga declarada de toda la vida, de repente te cocina tu dulcecito preferido, y lo que es peor de buenas a primera, te abraza y casi te asfixia, como serpiente con su presa (pero, en buena onda, claro está). Su fin oculto, pasarse los días feriados con sus “pichoncitos”. La idea de lo que te espera, te lleva a pensar en un monigote de trapo, de los que queman la víspera del año nuevo, en Ecuador, y hasta acaricias la fosforera que llevas en el bolsillo.

    Tu esposa contrae la fiebre del agua

Aquellas telarañas hermosas que durante meses colgaron apaciblemente sin incomodar a nadie, se convierten en blanco de hostilidades. Al ver a tu esposa con la escafandra de rolos, disfrazada de espantapájaros con un pullover deshilachado y un short desteñido,  amenazándote con la escoba y el balde, te preguntas a dónde se ha ido la trigueña sonriente con la que te casaste. De nada te vale protestar, porque te insultará “que con un haragán en la casa es suficiente”, así que agarras el palo, y te pones a sacar agua. En ese momento ella te recuerda que el 31 hay que echar un cubo de agua por el balcón pa’ la buena suerte.

    Tu hija monta una pataleta por ropa interior rosada

“Pa’, tú vives en otra galaxia, nunca te enteras de nada”, te dice en la cara.  Y después te explica que es moda usar ropa interior color rosa para atraer al amor en el año nuevo. Ahí reparas en que el tiempo ha pasado desde que le llevabas el catre a tu princesita, al círculo infantil. Tendrás que abrir bien los ojos para espantar a los tiñosos que la empiecen a rondar. Aprovechas la oportunidad para darle una charla de educación sexual a tu hija, y después de media hora descubres que no te ha oído ni pío, porque lleva puesto los dichosos audífonos.

   Un primo te pide prestada una maleta

“¿Vas a viajar?”, le preguntas al muchachón que anda como loco en busca de una maleta. “No, primo”, te responde, “es para darle la vuelta a la manzana con ella vacía, en la nochevieja, a ver si me empato con el avión”. Rebuscas arriba del escaparate y encuentras una de madera, de aquellas que se usaban para ir a la escuela al campo. Pero, qué va, él la quiere de las de rueditas, no vaya a ser que en lugar de un gira por al extranjero, le suenen un viaje a la manigua.

  Tu mejor amigo rompe con la novia

Cuando un socio pasa por un mal momento, hay que apoyarlo, no queda de otra. Y más si sufre mal de amores. Por eso sabes que contarás con un comensal más pa’ la comidita de fin de año. Al enterarse de que está invitado a compartir con la familia, el tipo se pone sentimentalón, pero enseguida se anima y te dice se encargará de la “pirotecnia callejera”. Por lo que además de pegar la gorra, tu amigo se convertirá en un peligro con patas, al que tendrás que vigilar de cerca.

   La vecina deja de acosarte con sus quejas

Ya no la molestan los ladridos de tu mascota, y hasta le guarda los huesitos de pollo. La música alta que escucha tu hijo, en lugar de atormentarla como antes, ahora le infunde energías para realizar sus quehaceres. Comienzan las insinuaciones, al estilo de: “¡Vecino, se huele que el puerquito está presente!”. Taimadamente se gana su bistecito y la cervecita, que ya te advirtió que tiene la presión arterial bien controlada.

   El jefe te invita a tomar café en su oficina

Tienes que ponerte duro para que no te convenza, que hace ya cinco años que te toca trabajar el 31. “Es que tú eres mi mano derecha”, te guataquea él. Pero como ya estabas preparado, contraatacas con el pretexto de que tienes pasaje sacado para ir con la familia a Cabaiguán. La estratagema da resultado, el hombre se traga la guayaba, pero ya sabes que el próximo año bajaste de categoría. De mano derecha, pasarás a ser la parte baja de la espalda del departamento.

   El bodeguero se escapa para el Festival de Cine Latinoamericano

Cada vez que vas a comprar los mandados tu viejo bodeguero, cinéfilo de corazón, te cuenta el argumento de las películas que vio el día anterior en el festival. Y con la nostalgia por los clásicos filmes españoles, rememora la tradición de las 12 uvas que se comen en cuenta regresiva, y hasta se pone romanticón al recordar las escenas del beso debajo del muérdago. A ti, que jamás has visto una rama de muérdago, lo que te dan ganas es de estrangularlo, pero como son días de alegría y bienestar, exhibes la mejor de tus sonrisas.

 

Si estas señales no fueran suficientes para enterarte de que ya el año se puso viejo y tú también, piensa en las veces que los chamas te llaman tío, en las que te sorprendes masticando en el aire o en la cantidad de medicinas que tienes que comprar con el tarjetón en la farmacia. Pero olvídate de los achaques y de los contratiempos, que después de 12 meses de trabajo y esfuerzos, bien te mereces la alegría de celebrar con la familia, los amigos y vecinos. Date una tregua, aléjate del celular, baila, diviértete y sobre todo nada de mala cara cuando descubras que en el intercambio de regalos lo que te tocó fue un cojín.

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ESCARMIENTO PARA LOS ESCANDALOSOS

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , , on diciembre 14, 2017 by mercybroma

Caricaturas: José Luis

Cuando Ismael llegó a visitar a su amigo Lalo se sorprendió de encontrarlo peleando en voz alta y con el televisor apagado.

—¿Socio, acaso tú no me avisaste que hoy ponían un documental buenísimo sobre novedades tecnológicas en el canal Multivisión? —le preguntó.

—Sí, y estoy en corte porque ya empezó, pero es imposible oír nada con la debacle sonora de este barrio. Primero fue el pregón grabado “el bocadito de helado”, acompañado de una música espeluznante, después alguien voceó “el pan suave, calenticooo…” Y detrás el vendedor de escobas, recogedores plásticos y palitos de tendederas me dejó sordo con su silbato.

Como para reafirmar lo dicho por Lalo, un perro empezó a ladrar desaforadamente desde una azotea, las paredes temblaron por el ruido de un martillo neumático en la calle, más allá se oyó la sierra del vecino carpintero y por si fuera poco, se extremó el claxon de algún impaciente.

A Ismael no le quedó otro remedio que darle la razón a su amigo:

—Si yo te dijera que anoche no pude pegar un ojo debido a que se disparó la alarma de la tienda de los bajos de la casa y estuvo sonando hasta hoy por la mañana, sin que nadie se dignara a apagarla — y añadió— ahora mismo venía en un ómnibus donde el chofer nos torturó con una música horrible y unos berridos, que parecía que estaban matándolo.

Martica, la hermana de Lalo, que acababa de salir del cuarto, se sumó a la conversación:

—En mi caso lo que sucede es que a causa de las guardias nocturnas, tengo que dormir de día y no consigo descansar por culpa de la escuela que tenemos al frente donde no se sabe quién grita más si los estudiantes o los maestros, eso parece un coliseo romano.

Lalo reflexionó sobre la fatiga auditiva y sus daños al organismo. A lo que Ismael acotó:

—Lo peor de todo es la impunidad, porque si le llamas la atención a alguien por gritar de balcón a balcón o por poner una música demasiado alta en una fiesta, te lo echas de enemigo para toda la vida. Si lo denuncias, la multa es irrisoria y el de la bachata se excusa en que le dieron un permiso hasta medianoche.

Para ponerle la tapa al pomo se escuchó una música estridente que venía del portal. Era Douglas, el hijo de Martica, con sus amigos de la escuela, escuchando una bocina portátil con el volumen al máximo, mientras esperaban el turno para jugar al fútbol en la calle.

Ante los regaños de los adultos, la tropa infantil, reaccionó con un traslado de campamento hacia el parque cercano. Y fue entonces cuando a Lalo se le ocurrió la extravagante idea.

—Existe una forma de ponerle el cascabel al gato, pero nunca sería con multicas ni regaños, sino con un sistema de castigos para los transgresores de la tranquilidad.

—¿Castigos? —inquirió la hermana.

—Sí, deberíamos sentenciar a los gritones a soportar veinte tandas seguidas de alguna película de la época muda. Someter al chofer de la guagua en que vino Ismael, a varias sesiones de ópera para ver si aunque sea se le refina el gusto. Ahhh…y se me ocurre que pudiéramos obligar a los pregoneros escandalosos a hacer colas con la mollera expuesta al sol, por ejemplo, en el mercadito de 23 y 6, tal vez la insolación les deje sin energías para chillar —le contestó Lalo.

—Propongo que a los cocheros que vociferan y maltratan a sus animales, se les castigue a palear estiércol en cualquier granja —dijo Ismael.

Para no quedarse atrás, Martica enumeró otros ingeniosos correctivos:

—Me encantaría ponerles a dieta y que solo pudieran comer frutabombas maduradas con líquido matarrayos; meterlos de cabeza en una cafetería a freír croquetas explosivas durante toda una jornada o forzarles a averiguar, por el celular y gastando su propio guaniquiqui, en qué farmacia surtieron las pastillas de Dipirona para que después tengan que zumbarse la cola.

Durante un buen rato Lalo, Israel y Martica se divirtieron con la idea de aplicar escarmientos ejemplarizantes como lección a los alborotadores.

En la lista de sentenciados incluyeron a los irrespetuosos del dolor ajeno que lo mismo arman un jaleo en un  hospital, durante la visita a un enfermo, que en la funeraria, durante un velorio. Hasta los contentos habituales del ron y el dominó se llevaron lo suyo.

La diversidad de castigos les resultó hilarante. Idearon suplicios de la magnitud de: contar los fósforos con cabeza, dentro de cien cajitas; caminar hasta darle caza a laticas de refrescos fríos en pleno verano; organizar una fiesta de quince con el presupuesto ajustado al salario o realizar trámites interprovinciales para permutar viviendas.

Tal entretenimiento ayudó a que a Lalo se le pasara la irritación y el mal humor, por eso con su optimismo de siempre, embulló a su hermana y al amigo, a que le acompañaran a disfrutar del juego de fútbol infantil en el parque. Eso sí, por el camino, entre los tres cocinarían la estrategia para que los ruidosos peques recuperaran la pasión por las hermosas temporadas beisboleras del barrio.

LOS ESCARRANCHA’OS

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on diciembre 14, 2017 by mercybroma

A quién no le ha pasado esto

Caricaturas: José Luis

Viajar en un ómnibus atestado en pleno agosto y agarrar un asiento, es como si a una le tocara la lotería. Sin embargo, no siempre la experiencia es placentera, porque puede que debamos compartirlo con un supermacho, de esos que destilan testoserona y se sientan con las piernas abiertas, como si necesitaran marcar su territorio.

Lo que en el mundo se conoce como manspreading, y que aquí llamamos escarrancharse o despatarrarse, ha provocado tanto rechazo que ya en ciudades como Tokio o Nueva York se ha hecho común un cartelito para advertir a esos pasajeros desconsiderados, que está prohibido ocupar el espacio de los demás.

Estos escarrancha’os abusan porque generalmente son tipos grandotes y fuertotes, y lo mismo te los tropiezas en un almendrón, un carro de caballos o la lanchita de Regla. Así, arrinconan a sus compañeros de viaje, mientras ellos ocupan casi dos asientos, aunque abonan un solo pasaje.

En la medida en que el trayecto se alarga, el machista se despatarra con más ganas y las víctimas se encogen tanto, que al llegar a su destino apenas pueden dar un paso. Habría que entrevistarlas en ese momento, para ver si sus opiniones coinciden con las que resultaron de una investigación realizada en una universidad norteamericana, donde se concluyó que los hombres que adoptan tales prácticas, léase los escarrancha’os, son más atractivos para las mujeres.

PA’ MIS NIETOS, LA LUNA

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on diciembre 14, 2017 by mercybroma

Ahora, el chama quiere que le ayude con una tarea que le pusieron en la escuela. Justo en el momento en que me iba a jugar dominó con los socios del barrio. Nada, que estoy quema’o, tengo que quedarme para no aguantar la cantaleta de la madre.

Pongo carita de sabelotodo y agarro la libreta para enterarme de qué se trata. La preguntica se las trae: ¿cómo las personas pueden ayudar a enfrentar el cambio climático? El fiñe dice que la maestra puso el ejemplo de que en Cuba cada día hay más calor y llegan más ciclones al país, por culpa del dichoso cambio.

Calor me da a mí, el pensar en los socios dándole agua a las fichas, mientras se toman sus cervezas frías. Y el chama que no se calla, que ahora me lee un artículo que recortó en la revista Bohemia donde hablan de Tarea Vida…que si es el Plan del Estado para enfrentar el cambio climático, que si el responsable de “implementarlo”, tremenda palabrita esa, es el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente…

Alaba’o este niño está fuera de liga. Pa’ quitármelo de arriba le propongo que le pida ayuda a la tía, que tiene computadora y acceso a Internet. Peor que peor, me suena tremenda muela sobre el fraude, que si es tan grave eso de que los adultos le hagan el trabajo a los estudiantes, como llevar un chivo al aula, que si patatín o patatán.

Me pongo colora’o de la furia, y ahí me sale él con que Cuba es un archipiélago y que se producen inundaciones costeras debido a la elevación del mar y al oleaje producidos por los huracanes, que si las generaciones del futuro…

Yo creo que a este niño me lo cambiaron en el hospital el día en que nació, porque a mí qué me importa el futuro… Si desaparece la Tierra, pa’ mis nietos la Luna, que lo importante ahora es que Industriales gane la Serie, o por lo menos que yo pueda escaparme a jugar mi partidita en paz. Pero por lo visto mi hijo no se da por vencido.

Ahora la emprende contra los bañistas que tiran basura y jabitas de nylon en la arena. Que si la contaminación provocada por las laticas de aluminio. De imaginarme una cervecita en una latica bien fría se me hace la boca agua. Agua, dice él, y la coge con quienes derrochan el agua, la electricidad y otros recursos. Que si las ilegalidades al construir a la orilla de las costas.

La madre le trae merienda y aprovecho para ganarme puntos con un discurso de que la arena hay que cuidarla, que los animales no se deben llevar al mar…Ella me retuerce los ojos, a sabiendas de que intento impresionarla, pero por suerte el niño no se da cuenta, tan entretenido está en apuntar las ideas en la libreta.

Para mortificarme, mi esposa propone en tono inocente: mi’jo, vamos a pedirle a papá que nos lleve una semana a la playa de Varadero, y allí hasta podremos poner en práctica todo lo que hemos hablado y hasta regañar a los ladrones de arena, que tanto dañan la naturaleza.

Al fiñe se le iluminan los ojos, y tengo que zafarme con el pretexto de que todo plan tiene sus plazos, y que como él mismo leyó, la Tarea Vida tiene programadas acciones hasta más allá del 2050.

Antes de que madre e hijo puedan reaccionar, me pongo la gorra y me despido explicándoles que me voy con los socios a jugar dominó y a tomar cervezas, pero que prometo echar todas las laticas en el cesto para que no ensucien la arena de ninguna playa.

DE MADRE

Posted in Humor costumbrista with tags , , on junio 1, 2017 by mercybroma

PORTADA DE PALANTE DE MAYO 2017

DE CULTURA Y TURISMO EN LA COLA DE LA PAPA

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , , on junio 1, 2017 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres                                  Caricaturas: José Luis

-Psssh…trae a ese yuma pa’cá.

-¿Usted habla conmigo? –preguntó Lalo, quien paseaba con Francesco, un músico italiano, y le  mostraba la zona histórica de la Habana Vieja.

-Sí, socio, no te hagas el loco que aunque tú también estás en la lucha, tírame un salve que yo tengo pa’ to’ el mundo… –dijo en tono conciliador el estrafalario personaje.

-Mire, le voy a aclarar algo, porque ni estoy en la lucha, ni quien me acompaña es un yuma, sino italiano.

-¡Ay, chico!, da lo mismo, pa’ nosotros los cubanos todos los extranjeros son yumas y buscan lo mismo: el ron bueno, tabacos baratos y…

Antes de que el otro siguiera diciendo barbaridades, Lalo lo interrumpió:

-Mi amigo es artista, así que lo que le interesa es…

-Ya sé, es un enfermo a los cuadros y los discos, y la rumba, pero yo también en eso puedo ayudarlos, vengan pa’ cá.

“Todavía me pregunto por qué me dejé arrastrar”, se reprochaba Lalo. Había transcurrido una semana de la partida de Francesco para Italia, y aún al cubano le duraba el trauma. Para exorcizar sus demonios y de paso hacer más llevadera la espera en la cola de la papa, comenzó a contarle a su amigo Ismael lo ocurrido el aciago día.

“Aquel hombre nos llevó a varias galerías de esas que proliferan en los portales y que están colmadas de cuadros horrorosos. El italiano miraba espantado la sucesión de coloridos almendrones, Morros deformados, catedrales patéticas, y yo con tremenda pena, pensaba en Da Vinci, en Florencia, en el arte del Renacimiento”.

Ismael lo escuchaba distraído. Imposible imaginar a Florencia, en la molotera por comprar la papa. Alrededor de 15 bodegas, cada una con cientos de consumidores, agitando sus libretas de abastecimiento y faja’os con los que intentaban colarse. A la bulla contribuían quienes trataban de organizar el tumulto y el pregón de los vendedores de jabitas.

Lalo, sin darse por vencido, continuaba con su historia:

“Como Francesco no compró nada, y ya se acercaba la hora del almuerzo, el improvisado guía, con la desfachatez del pícaro, nos mostró un restaurante en el que según él se comía bien por un precio baratísimo, con la ventaja de disfrutar del acompañamiento musical de un grupito ‘fuera de liga’, según sus propias palabras”.

Al oír hablar de comida, Ismael tragó en seco, porque calculaba que todavía le quedaban más de dos horas de empuja-empuja.

“El menú daba grima. Frutas en el entrante: tres pedazos de frutabomba maduradas con químicos, dos mitades de guayabas pasmadas y trozos de platanitos semipodridos. Plato fuerte: un bistec de no sé qué animal, adornado con rueditas de cebolla y acompañado de unos moros, tan duros, que casi le parten un diente a Francesco. Las bebidas: limonada aguada y cerveza adulterada. Del postre no te digo, porque preferimos no arriesgarnos”.

“Pero si mala fue la comida, peor fue el acompañamiento musical a cargo de tres ancianos con guitarras, uno con claves y la guarachera de turno. Cuando aparecieron me ilusioné. Ahora sí, Francesco escuchará auténtica música cubana. Admirará la delicadeza y lirismo de las canciones de Lecuona, Sindo Garay, Matamoros…Ay, qué ingenuidad la mía. Sin escrúpulos, mezclaron letras, ritmos, géneros, para finalizar en una vergonzosa masacre musical. Con tremenda cara dura se acercaron a la mesa para exigir propina, y de paso proponerle a mi amigo un DVD con sus vulgares interpretaciones. El pobre hombre lo adquirió para no herir susceptibilidades, mientras yo deseaba con todo mi corazón que se le perdiera en el viaje”.

La narración de Lalo le crispaba los nervios a Ismael, que agotado por el ardiente sol, la sed y los olores que emanaban de la multitud enardecida, se aferraba a su jaba como un náufrago al madero.

-Me imagino que después de aquel mal rato estrangulaste al impertinente guía –dijo, desesperado porque el amigo terminara el relato.

“¡Qué va!, porque aunque traté de escabullirme, a Francesco le cayó bien el pilluelo y le siguió la corriente. Así que fuimos a parar al taller de un supuesto artesano, que nos quiso meter por los ojos unas cerámicas espantosas y unas tallas en madera verdaderamente pedestres. Entonces sí que me engorilé, agarré a mi amigo por el brazo y lo saqué de aquel cuchitril. De dónde me salió el coraje, no lo sé, pero despedí de muy malos modos al chupasangre. A partir de ese momento me dediqué a explicarle a Francesco las sucias tácticas de los farsantes. Lo traje a la casa, le hice escuchar mis discos de Bola de Nieve, Rita Montaner, de Celina, de la Aragón, de Polo Montañez, de María Victoria…y cuando ya estaba turulato mi hermana Martica le preparó unos frijoles negros aderezados con el cariño de la familia. Hablamos de lo humano y lo divino, de Amelia Peláez, de Paradiso, del neorrealismo italiano y su presencia en el buen cine cubano. Lo mejor fue que al despedirse me dijo que no me preocupara que también en Italia, abundaban los mercachifles del arte, los engaña bobos que se ceban de los turistas inocentes; pero que por suerte, en contraste, hay gente buena y culta que defiende lo suyo hasta con los dientes”.

-Y colorín colora’o, esto se ha acaba’o –ironizó Ismael, y al notar que Lalo se enojaba, le aclaró- Chico, no me refería a tu historia, sino a la cola. El dependiente avisó que se terminó la papa, pero que no nos preocupemos que la otra vuelta está al llegar… ¡la esperanza es lo último que se pierde!

CAZA PROPINAS A LA VISTA

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on junio 1, 2017 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres                        Caricaturas: José Luis

 

Desde hace un tiempito se ha hecho común que tanto al adquirir un producto como al recibir un servicio, nos veamos obligados a incluir en el pago, una propina. Y claro, que no nos referiremos aquí a aquella que define el diccionario como: “Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio” o “Gratificación pequeña con que se recompensa un servicio eventual”.

Porque cuando nos atienden con esmero y amabilidad, y nosotros los clientes…usuarios…compradores…parroquianos…consumidores deseamos premiar y estimular la eficiencia, con muchísimo gusto damos la consabida propina.

Es la que se gana de manera honrada, laboriosa, y que muchas veces hasta se comparte con el colectivo, o como en el caso del turismo, se destina en parte al sector de la salud.

Pensemos hoy en la propina inmerecida. Cuando la o el empleado, después de maltratarnos a su antojo, se nos para delante tan frescamente a exigir un dinerito extra por considerarlo un derecho. Y si nos resistimos, los expertos saca-propinas adoptan diversas técnicas, algunas de ellas tan vergonzosas como estas:

El compungido camarero, que al cobrar susurra con mucha pena que no tiene pesos sueltos para darnos el cambio. Elegante modo de ponernos entre la espada y la pared, porque ya consumimos, y no nos apetece perder el tiempo en la espera de otro cliente con menudo.

Pululan especímenes como los burro-cobradores que “no saben sacar cuentas” y se confunden con los cobros y pagos. ¡Qué casualidad que casi siempre se equivocan a su favor!

Peor es el que se ofende porque no se conforma con el monto de la propina que le dejamos, y nos fulmina con la mirada, como si de un rayo paralizante se tratara.

Tenemos también la versión empleada-alimaña, que a la hora de entregarnos la cuenta se desprende de su diabólica piel para transformarse en una melosa coquetona con sus “mi cielo” y “mi cariño” dirigidos a ablandarnos el bolsillo.

Es común el cara-de-guagua que tan pronto agarra un billete grande nos da la espalda. A veces hasta finge una actividad inusitada a la espera de que nos olvidemos del vuelto.

Otra forma muy usual de “tumbarnos la propina” es cuando algún bribonzuelo del agromercado agrega un tomate o una malanga a la mercancía que ya tenemos en la pesa, para “completar la libra” y así redondear el precio.

Abundan los personajes que apelan a las emociones, al contarnos tragedias que conmoverían hasta al más insensible. En el momento de pagar, nos ablandamos y sin dudarlo un segundo aflojamos una propina, de la que nos arrepentiremos por el resto del mes.

Otros expertos en la materia nos manipulan de manera solapada, aprovechándose de una situación delicada como puede ser una cena romántica por el Día de los Enamorados. Es una ocasión especial en la que están en juego la ilusión del ser amado y la propia autoestima. El resultado: un jugoso extra para los pillos.

Hasta aquí el modus operandi de muchos timadores, pero seguro que ustedes conocen de otras variantes tan efectivas como nefastas. Para enfrentar a estos tramposos caza propinas solo hay una estrategia: abrir los ojos y cerrar el bolsillo.