AVENTURAS HABANERAS EN UN TAXI…

Ya me compré un auto para pasear con mi hermano Eduardo

Ya me compré un auto para pasear con mi hermano Eduardo

Para no defraudar a mi buena amiga Nancy acepté acompañarla a las tiendas de la Habana Vieja con el propósito de comprar unos regalos, a pesar de las dificultades con el transporte un sábado laborable.
-No te angusties, cogemos un taxi –me tranquilizó Nancy.
  Al llegar a la calzada nos vimos obligadas a competir con una multitud que, apertrechada de toda suerte de jabas, maletas y mochilas, intentaba atrapar  un taxi.  En los casos en que alguno se detenía los contendientes aplicaban diversas estrategias, desde bloquear la puerta con un bulto para facilitar el acceso de los acompañantes, hasta introducir por la ventanilla un bebé.
   Tras varios intentos infructuosos, conseguimos colarnos en el interior de un desvencijado cacharro. Tan decrépito como el auto estaba su chofer, quien aparentaba unos ochenta años y le temblaban las manos.
   Una vez acomodada en el asiento, donde se divisaban los muelles por los huecos del forro, me lamenté de nuestra “buena suerte” porque además, el olor a gasolina me asfixiaba. Cuando intenté bajar el cristal de la ventanilla me quedé con la manigueta en la mano. Quise reparar el destrozo, pero se me cayó al piso.
   ¡Ojalá no me hubiera agachado a buscarla!  Debajo de los asientos, además de restos de cucaracha momificados, descubrí un tenue hilillo de líquido que a todas luces era gasolina.  Espantada  le avisé al chofer, quien me contestó:
-Es que los dos tanques de gasolina que llevo detrás no tienen tapa.
  Iba a protestar justo en el instante en que el cacharro frenó y sobre nosotros se abalanzó una jauría humana que acechaba en la Esquina de Tejas.
-Apriétense un poquito –nos pidió el chofer.
   Sobre mis piernas vino a parar un cake de cumpleaños.
-Es que necesito cargar al niño porque no puedo pagar veinte pesos –imploró una mujer sudorosa al tiempo que se echaba encima un zángano de trece o catorce años y aproximadamente ciento ochenta libras de peso.
 -Atrás cabe otro –indicaba el chofer mientras acomodaba a su lado a una parejita.
   Un hombrón de seis pies armado de un enorme contrabajo nos apachurró.
-Hay que ser solidarios –dijo el taxista para aplacar nuestro descontento.
   La mirada implorante de mi amiga me impidió espetarle que su “solidaridad” equivalía a los sesenta pesos de la carrera.
-Señora por favor tenga cuidado que ya le desbarató la punta al cake –gritó la mamá del monstruo, mientras yo contemplaba con horror mi vestido embarrado de merengue.
-Caballero, ustedes son familia mía –advirtió el chofer justo en el instante en que un policía detenía el auto.
   Nancy en un susurro me explicó que al parecer el hombre no tenía licencia.  Temí que el  agente no se tragara el cuento, por la diversidad de nuestros biotipos: los enamorados, delgados y rubios;  la mujer y el niño, menudos y de tez negra;  el músico, corpulento y achinado; mi amiga y yo, gordas y castañas. Aquel parentesco equivalía al de los granos de la bodega, donde se mezclan chícharos con lentejas o frijoles colorados con judías.
   Por suerte la intención del policía era avisarnos de un desvío, así que proseguimos el viaje. Aquello era una verdadera tortura en la que se combinaban los pinchazos de los muelles, el calor, el olor a gasolina y el peso del cake.
  Cuando llegamos a nuestro destino estaba tan adolorida que necesité la colaboración de Nancy para descender. Ella, tan fresca como una lechuga, tuvo la osadía de preguntarme: “¿Qué te pareció la aventura en el taxi?”
Nota de la autora: Pido a los lectores que me disculpen por dejar el relato inconcluso, pero imaginarán que la respuesta resultó impublicable.

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6 comentarios to “AVENTURAS HABANERAS EN UN TAXI…”

  1. CARMEN VERSON Says:

    jajajaj super bueno en fin parece una PESADILLA DE STEFEN KIng si la lee te la plagia, me he reido con ganas, te quiero por la imaginacion que tienes, besotes Carmita

  2. micolumnadeportiva Says:

    Mercy ! Experiencias como las que tuviste en el “taxi” lamentablemente las hemos sufrido todos, quizás con mayor frecuencia en los últimos tiempos. Veo que te mantienes actualizando el blog y esa, sin dudas, es una buena noticia, ojalá tus compañeros de curso lleguen a rutinas similares. Saludos, Miguel

    • mercybroma Says:

      Migue, gracias por escribirme y sobre todo por compartir tus conocimientos. Es interesante la experiencia y he aprovechado tus inteligentes consejos.
      Gracias

  3. Míriam Says:

    ¡Vaya!…Ya sé que voy a hacer en cuanto me retire: ¡Botear! Veo que da buen resultado, pero no permitiré pasajeros con kake, ni nada con merengue, ni pasaditas de peso, así que a hacer dieta la gente de las empellitas… Hay que cuidar los forros y los amortiguadores… Yo, la chofera-

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