Archivo para julio, 2009

Asuntos legales

Posted in Humor costumbrista with tags , on julio 24, 2009 by mercybroma

“Doctor, entienda que todo ha sido una terrible equivocación. No se puede mantener recluida en una clínica psiquiátrica a una mujer cuya única obsesión es el bienestar familiar dentro de la ley.
   Le explicaré, en mi hogar, una casa de dos cuartos, habitábamos felices: la abuela, papá  y  yo; así cuando conocí a mi media naranja nadie tuvo inconvenientes en que después de casados, él viniera a vivir con nosotros. El problema surgió tras la visita del arquitecto encargado de determinar si el inmueble contaba con suficiente cantidad de metros cuadrados por habitante para legalizar la residencia de mi futuro esposo.
   Según el dictamen técnico, resultó que en mi vivienda solo había capacidad para tres personas. Aquello me provocó un ataque de rabia que me duró una semana, cómo era posible que algo tan aparentemente inocuo como las medidas de una casa pudiera frustrar mi matrimonio.
   La solución se me ocurrió el día en que vi a la abuela subida en una silla quitándole el polvo al retrato del abuelo. ¿Por qué no podía yo proporcionarle un poco de dicha? Fingí tropezar, y un ligero empujoncito a la silla bastó.
   En el velorio estuve a punto de confesarlo cuando una vecina dijo que había que dar gracias al destino por reunir a los viejos en el cielo. Preferí sacrificar mi vanidad y me preocupé porque enterraran a la abuela abrazada al cuadro.
   Al mes, ya celebraba mi boda por todo lo alto, comenzó entonces la que creí, sería la etapa más dichosa de mi existencia. Salí embarazada, nació mi hijo, y otra vez recurrimos al arquitecto, que ya no era arquitecto sino arquitecta porque el otro había cambiado de trabajo.
   La sustituta, después de realizar la medición nos explicó con una sonrisita irónica que el hombre se había equivocado, y en realidad los metros cuadrados de la casa apenas alcanzaban para dos personas y media.
   Por mucho que tratamos de convencerla de que los seres humanos existían enteros y no por pedazos como el pollo de dieta, ella permaneció terca como una mula: dos personas y media, como establecía la ley o los tribunales.
   Como no me dejo vencer tan fácilmente esgrimí el argumento de que dada la corta edad de mi hijo y su escaso tamaño, podía considerarse media persona. La idea puso a meditar a la mujercita, pero al final tuvo que darme la razón.
   Pobre papá, tanto lamentaba la ausencia de la abuela que me vi en la obligación de ayudarle. Le conseguí varios videos con películas de acción y como el televisor se veía tan mal le sugerí que subiera a la azotea a arreglar la antena.
   El entierro fue de primera, los amigos coincidieron en que el viejo había sido muy afortunado de que su mamá lo llevara junto a ella. El inconveniente surgió cuando la chismosa del edificio de al lado se apareció con la policía porque desde su ventana me había visto empujar a papá.
   Lo demás usted lo sabe doctor, me hicieron algunas pruebas y me trajeron para acá sin siquiera medir los metros cuadrados del pabellón.
   Ahora que todo se ha aclarado, le pido ayuda, porque mi hijo seguirá creciendo y necesito estar a su lado para serrucharle las piernitas de forma tal que nuestra familia de dos personas y media pueda ser feliz, eso sí, dentro de la ley”.

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ME HAN CAMBIADO EL MARIDO

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on julio 24, 2009 by mercybroma

Al lavarme la cara aquella mañana, junto con las legañas se me escurrió la ilusión, por eso cuando regresé al cuarto me impactó la escena de lo que debió ser mi nido de amor.
En el lugar que antes ocupara el Adonis de mis sueños, ahora veía a un gordo calvo, desnudo, que roncaba como un martillo neumático mientras se babeaba sobre mis blancas sábanas.
Con odio, lo empujé para despertarlo y cuando lo conseguí el hombre se incorporó rascándose una nalga.  Con la misma mano con la que se acababa de tocar su amorfo trasero me acarició la cara.
Asqueada me estremecí, sin imaginar que él lo interpretaría como un temblor de placer y se me echaría encima. Por suerte la sesión duró lo que una vacuna para la alergia; enseguida se desplomó a mi lado, satisfecho de su actuación. “¿Te gustó?”, preguntó con orgullo.
Mi respuesta no se hizo esperar: “Eres un animal”.  Feliz con lo que supuso un cumplido, sonrió: “Es que tu marido está hecho un toro”, y acto seguido me abrazó para duplicarme la dosis. 
De inmediato lo rechacé y su reacción fue desconcertante: “Vieja no te asustes, ya sé que con tus achaques no puedes seguirme el ritmo”.
Corrí al baño para quitarme su olor a sudor, pero apenas comenzó a caer el agua sentí una mano que me atenazaba el cuello, el pedazo de tocino proseguía el juego.
Con rabia le restregué el jabón por los ojos. “Picarona, no me huyas”, chilló mientras daba un manotazo que me alcanzó en pleno rostro.  El “cariño” me hizo tambalear, momento que aprovechó para atraerme junto a si.
Otro combate cuerpo a cuerpo tan efímero como el anterior bastó para que “el toro” se derrengara.  Le arrastré hasta el lecho y ya sin fuerzas me volví a quedar dormida.
Al despertar mis ojos se tropezaron con los suyos, inyectados en sangre.  Me puse en guardia a la espera de un nuevo ataque, pero en su lugar escuché un susurro en tono compasivo: ¡Vieja, acabé contigo y eso que no me tomé la pastillita de Viagra!

COLCHONES CON RELLENO

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on julio 4, 2009 by mercybroma

Cuando empezó a quedarse dormido con los ojos abiertos, sus amigos supieron que algo andaba mal en la vida de Lalo. En la oficina a cada rato lo encontraban roncando sobre el teclado de la computadora y en el comedor lo hallaron despatarrao junto al bebedero. Los maliciosos lo embromaban sobre supuestos excesos sexuales, pero al que no le hacía ninguna gracia la nueva personalidad del ingeniero, era a su jefe.
Alarmado con los incumplimientos del subordinado, el hombre lo citó en su despacho. Le echó en cara los problemas con la red, el que las máquinas tenían los antivirus desactualizados y otros desastres, que incidían en la producción de la empresa. Abochornado con la reprimenda, Lalo confesó su drama: el colchón le había declarado la guerra. El jefe casi convulsiona ante lo que creyó una tomadura de pelo. Pero el otro lo convenció con su historia.
Aquel colchón tuvo su época de gloria cuando el Morro era de palo, y el abuelo de Lalo un adolescente enamorado. En esa cama se había lucido el viejo con sus cinco goles, o sus cinco hijos: Dimas, Benita, Esperanza, Nicolasa y Pastora. Antes de morir, le dejó en herencia el colchón a Nicolasa, la mamá del ingeniero. Por respeto a su vieja, Lalo no comentó las hazañas acrobáticas de las que había sido escenario aquella cama.
En discreta elipsis se remitió al momento en que le correspondió asumir su propiedad. Recordó la valentía con la que afrontó la vergüenza de arrastrar el colchón en una carretilla por toda La Habana Vieja. Enfatizó en su estoicismo al soportar que los muchachones lo relajearan y los mayorcitos le gritaran: Agua…
Reconoció que las peripecias para entrar aquello por el balcón de su apartamento, se convirtieron en leyenda del barrio. En definitiva, la cama había cumplido honrosamente sus funciones  como escondrijo para escarceos amorosos, lugar de reposo y meditación, y hasta sitio de inspiración para crear programas informáticos en beneficio de la empresa.
Solo que, un día empezó a salirse un muelle por aquí y otro por allá. Al colchón se le hicieron cráteres más profundos que los de la Luna. Las bolas del relleno se convirtieron en barricadas contra Lalo y las noches se trocaron en un verdadero infierno.
Hombre hubiera empezado por ahí, dijo el jefe aburrido de tanta perorata y como era un tipo práctico, agregó: Cómprese otro colchón.
En el rostro del empleado se dibujó una expresión asesina, mientras traducía piadosamente la expresión: la madre que lo parió… a la de: dispongo de insuficientes fondos para semejante inversión.
Ahí fue cuando el jefe le habló de unos tipos que anunciaban, por la calle, la venta de colchones. Iban acompañados de un camión con mercancía de primera. Vendían más barato que en las tiendas, porque compraban el colchón viejo y rebajaban la plata del precio.
Al poco tiempo Lalo consiguió hacer la transacción. La noche del estreno, según su ritual, se bañó, agarró un libro sobre las ventajas del uso del software libre y se metió en la cama, mientras escuchaba las melodías de Radio Enciclopedia. El infeliz no logró pegar un ojo. Cuando iba a caer en brazos de Morfeo sintió la picazón. Comenzó a estornudar por el olor a campo. Se rascaba, daba vueltas para un lado y para otro, sin conciliar el sueño.
Como se ausentó al trabajo, por la tarde el jefe se personó en su casa. Le abrió la puerta un monstruo hinchado, con ronchas hasta en las orejas. Intrigados por el enigma, entre ambos idearon explorar el interior del colchón. La primera cuchillada fue reveladora: en lugar de guata el relleno era de hierba, sí una hierba seca habitada por gozosos y saltarines bichitos.
El jefe comenzó a reír a carcajadas, al tiempo que le felicitaba por disponer de un pesebre particular. Y Lalo, que se bestializó como un mulo, no pudo aguantar las ganas de lanzarle una patada por el… pecho.

EL HORÓSCOPO

Posted in Humor Informático with tags , , , , , on julio 2, 2009 by mercybroma
Capricornio y sus caprichos

Capricornio y sus caprichos

En su nuevo hogar Lalo se sentía dichoso, su vecina de puerta con puerta, una señora jubilada, le había acogido como a un hijo. A las seis de la mañana, ya Carmiña, que así le decían todos de cariño, le traía su taza de café.
Se ocupaba de buscar los mandados en la bodega, le pagaba a los cobradores y le avisaba de las reuniones. El cariño maternal de su vecina le ofrecía una magnífica oportunidad al ingeniero Informático: por fin disponía de tiempo libre, para navegar y desarrollar sus soñados proyectos.
Al llegar del trabajo, Lalo se bañaba, degustaba  los platos exquisitos elaborados por Carmiña, a quien ya le había dado hasta las llaves de la casa, y de ahí a conectarse a Internet, hasta altas horas de la madrugada.
Eso sí, el acuerdo con la buena mujer consistía en permitirle usar su PC para buscar información -ella estudiaba en la Universidad del Adulto Mayor-, además de imprimirle el horóscopo de la semana, pues Carmiña creía firmemente en las predicciones astrológicas.
-Lalo, ahora Virgo tiende a cuestionarlo todo y pone en duda las decisiones de los demás, así que no te atrevas a contradecir a tu jefe o te serruchará el piso.
-Ah… ¿y que le depara a Capricornio? –inquiría él, divertido.
-Pues mis consejos serán bien apreciados y aunque no sacaré beneficio económico, estrecharé relaciones con tipos interesantes –aseguraba ella, con el papel en la mano.
-Gracias, tomaré en cuenta tus recomendaciones. Hoy me meteré de cabeza en el taller para no tener tropiezos.
Lalo que no creía en el horóscopo, ese mismo día invitó a la dama de sus sueños, la linda Fifi, a conocer el nuevo apartamento el sábado por la noche.
Ilusionado, cocinó un suculento menú y hasta compró un vino carísimo. Al llegar la muchacha, la recibió con una flor. Mientras le enseñaba la casa Fifi alabó el orden y la limpieza, frutos de la laboriosidad de Carmiña.
Después de un rato de amena charla, él acompañó a la joven hasta la mesa, elegantemente dispuesta. Fifi, halagada, le sonrió y Lalo, pensó: ahora sí tumbé a la nena. Con destreza inusual sirvió la comida, descorchó el vino y después de llenar las copas, se dispuso a enamorarla.
Alguien tocó a la puerta, pero él no abrió. Por nada del mundo dejaría que le arruinaran su cena romántica. De repente se escuchó girar una llave y entró Carmiña con un montón de libros en la mano.
-Ni se preocupen por mí –dijo, al dirigirse al cuarto para encender la computadora- es que me comprometí con mi equipo de estudios en buscar datos de Stonehenge, el famoso monumento megalítico de Inglaterra.
Como un monolito se quedó Lalo, quien maldijo a los druidas celtas, a los jubilados estudiosos, y a la madre de los tomates, al escuchar a Fifi quejarse:
-Por favor Lalo desde que entró esa señora me estás arrastrando la mano por la mesa, como si fuera un mouse, y para completar me haces doble click en el dedo chiquito.
Antes de que pudiera responder, Carmiña le gritó:
-Mi’jo ven acá un momentico que ya tenía armado el muñeco cuando la computadora me lo borró.
Resignado, Lalo arregló el desaguisado, aunque le tomó más de media hora. Tras recuperar el archivo, regresó a la mesa y su sorpresa fue mayúscula: Fifi se había tomado la botella de vino íntegra, y se había quedado dormida.
De inmediato Carmiña metió la cuchareta:
-Es mejor que duerma en mi casa, que por suerte, tengo una cama vacía –afirmó la mujer.
En efecto, Fifi pasó la noche allí y al otro día ni se despidió de Lalo.
El fracaso amoroso y el dolor de no haber podido probar el vino dejaron al hombre como la cerveza de pipa, hecho agua. No obstante, insistió en su empeño y, después de ofrecerle disculpas a Fifi, consiguió atraerla nuevamente a su cueva con el pretexto de enseñarle unos programas de computación.
Para neutralizar a la vecina, el ingenioso Lalo copió unas predicciones nefastas en el acápite correspondiente a Capricornio. Según los astros, los pertenecientes a ese signo debían permanecer encerrados o les acecharían toda clase de desgracias.
Al llegar Fifi, Lalo la llevó al cuarto, frente a la PC y ya el hombre se embriagaba con el perfume que despedía su cabellera, cuando Carmiña irrumpió en la habitación.
-Ay mi’jo, que bueno que estas aquí para que me ayudes con lo del examen de Filosofía –dijo risueña.
-¿Mujer y qué hay con el horóscopo?- tartamudeó él.
-De eso no te preocupes, que cuando no me conviene lo que trae Capricornio, lo tacho y me acojo otro signo…