EL HORÓSCOPO

Capricornio y sus caprichos

Capricornio y sus caprichos

En su nuevo hogar Lalo se sentía dichoso, su vecina de puerta con puerta, una señora jubilada, le había acogido como a un hijo. A las seis de la mañana, ya Carmiña, que así le decían todos de cariño, le traía su taza de café.
Se ocupaba de buscar los mandados en la bodega, le pagaba a los cobradores y le avisaba de las reuniones. El cariño maternal de su vecina le ofrecía una magnífica oportunidad al ingeniero Informático: por fin disponía de tiempo libre, para navegar y desarrollar sus soñados proyectos.
Al llegar del trabajo, Lalo se bañaba, degustaba  los platos exquisitos elaborados por Carmiña, a quien ya le había dado hasta las llaves de la casa, y de ahí a conectarse a Internet, hasta altas horas de la madrugada.
Eso sí, el acuerdo con la buena mujer consistía en permitirle usar su PC para buscar información -ella estudiaba en la Universidad del Adulto Mayor-, además de imprimirle el horóscopo de la semana, pues Carmiña creía firmemente en las predicciones astrológicas.
-Lalo, ahora Virgo tiende a cuestionarlo todo y pone en duda las decisiones de los demás, así que no te atrevas a contradecir a tu jefe o te serruchará el piso.
-Ah… ¿y que le depara a Capricornio? –inquiría él, divertido.
-Pues mis consejos serán bien apreciados y aunque no sacaré beneficio económico, estrecharé relaciones con tipos interesantes –aseguraba ella, con el papel en la mano.
-Gracias, tomaré en cuenta tus recomendaciones. Hoy me meteré de cabeza en el taller para no tener tropiezos.
Lalo que no creía en el horóscopo, ese mismo día invitó a la dama de sus sueños, la linda Fifi, a conocer el nuevo apartamento el sábado por la noche.
Ilusionado, cocinó un suculento menú y hasta compró un vino carísimo. Al llegar la muchacha, la recibió con una flor. Mientras le enseñaba la casa Fifi alabó el orden y la limpieza, frutos de la laboriosidad de Carmiña.
Después de un rato de amena charla, él acompañó a la joven hasta la mesa, elegantemente dispuesta. Fifi, halagada, le sonrió y Lalo, pensó: ahora sí tumbé a la nena. Con destreza inusual sirvió la comida, descorchó el vino y después de llenar las copas, se dispuso a enamorarla.
Alguien tocó a la puerta, pero él no abrió. Por nada del mundo dejaría que le arruinaran su cena romántica. De repente se escuchó girar una llave y entró Carmiña con un montón de libros en la mano.
-Ni se preocupen por mí –dijo, al dirigirse al cuarto para encender la computadora- es que me comprometí con mi equipo de estudios en buscar datos de Stonehenge, el famoso monumento megalítico de Inglaterra.
Como un monolito se quedó Lalo, quien maldijo a los druidas celtas, a los jubilados estudiosos, y a la madre de los tomates, al escuchar a Fifi quejarse:
-Por favor Lalo desde que entró esa señora me estás arrastrando la mano por la mesa, como si fuera un mouse, y para completar me haces doble click en el dedo chiquito.
Antes de que pudiera responder, Carmiña le gritó:
-Mi’jo ven acá un momentico que ya tenía armado el muñeco cuando la computadora me lo borró.
Resignado, Lalo arregló el desaguisado, aunque le tomó más de media hora. Tras recuperar el archivo, regresó a la mesa y su sorpresa fue mayúscula: Fifi se había tomado la botella de vino íntegra, y se había quedado dormida.
De inmediato Carmiña metió la cuchareta:
-Es mejor que duerma en mi casa, que por suerte, tengo una cama vacía –afirmó la mujer.
En efecto, Fifi pasó la noche allí y al otro día ni se despidió de Lalo.
El fracaso amoroso y el dolor de no haber podido probar el vino dejaron al hombre como la cerveza de pipa, hecho agua. No obstante, insistió en su empeño y, después de ofrecerle disculpas a Fifi, consiguió atraerla nuevamente a su cueva con el pretexto de enseñarle unos programas de computación.
Para neutralizar a la vecina, el ingenioso Lalo copió unas predicciones nefastas en el acápite correspondiente a Capricornio. Según los astros, los pertenecientes a ese signo debían permanecer encerrados o les acecharían toda clase de desgracias.
Al llegar Fifi, Lalo la llevó al cuarto, frente a la PC y ya el hombre se embriagaba con el perfume que despedía su cabellera, cuando Carmiña irrumpió en la habitación.
-Ay mi’jo, que bueno que estas aquí para que me ayudes con lo del examen de Filosofía –dijo risueña.
-¿Mujer y qué hay con el horóscopo?- tartamudeó él.
-De eso no te preocupes, que cuando no me conviene lo que trae Capricornio, lo tacho y me acojo otro signo…

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2 comentarios to “EL HORÓSCOPO”

  1. CARMEN VERSON Says:

    Mercy sabes que soy tu fans No,1 del otro lado del charco, y sobre todo de tus cuentos, pero este para mi es el preferido y el mejor de todos, claro esta mi opinion particular.Eres un fenomeno escribiendo cuentos, ese Lalo merece un altar por la tortura de Carmen.
    No pares de escribir que eres la mejor un besote y mucha suerte
    Carmita

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