Archivo para octubre, 2012

SUPERTOSTÓN LALO EN DEFENSA DE LOS ANIMALES

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

SUPERTOSTÓN LALO ENFRENTA EL ABUSO CONTRA LOS ANIMALES

Por: Mercy Azcano                                              Ilustración: Martirena

Vencía Lalo uno de sus traumas infantiles: botar la basura, cuando vio la cruel escena. Bueno, lo de basura era culpa de la madre, que lo perseguía para que cumpliera la tediosa obligación y  como tratara de escabullirse, le lanzaba la bolsa desde el balcón, arruinándole el único pitusa de su ropero.

Pero siguiendo, con el hilo de la historia, resulta que Lalo presenció como unos muchachones azuzaban a un par de perros de pelea para que se mataran a mordiscos. Un coro de imbéciles enardecidos gritaban obscenidades, mientras los canes se despedazaban.

Lalo era un defensor incondicional de los animales y eso mismo le había inculcado a su sobrinito Douglas. El niño, atraído por la gritería, acababa de asomarse a la puerta y observaba los sucesos con curiosidad.

Fue entonces, que el tío se sintió en la obligación moral de detener la pelea de perros y para ello deseó ser un tostón con superpoderes (se trataba de un cuento de su invención, que cada noche le contaba al niño). En el relato, el hechizo de una bruja a un plátano común creó un tostón mágico, capaz de imponer la justicia en el mundo.

Claro que Lalo no tenía superpoderes, aunque cuando se atrevió a intervenir en la pelea,  los muchachones casi lo vuelven un tostón a puñetazos.  Por fortuna, pasó una patrulla y los abusadores se esfumaron, así que Lalo regresó a la casa con la nariz aplastada y el corazón henchido de orgullo, frente al sobrino, fanfarroneando del superpoder de atraer a los policías.

El domingo, al llevar a su sobrino Douglas, de visita a casa de una tía, en el pueblo El Rincón, en Santiago de Las Vegas, vivieron otra experiencia difícil, cuando se transportaban en un coche de caballos y el conductor la emprendió a latigazos contra el noble animal. En su desmedida ambición el cochero tenía como pasajeros a seis gordos, y el caballo, agotado por el peso, avanzaba como en cámara lenta.

De nuevo supertostón-Lalo se involucró, lo cual le costó a tío y sobrino hacer el resto del camino a pie. Mientras avanzaban, el atribulado Lalo, supo que le había llegado el fin, al protagonista de sus cuentos, así que empezó a contarle a Douglas, la historia del vengador-animal, un piojo travieso enemigo de los abusadores.

Al llegar a su destino, fue tal la contentura de la tía que decidió prepararles una comida criolla. Una nueva aventura comenzaría para Lalo, quien se dijo: Espero que como piojo, me vaya mejor que como tostón. Y lleno de ánimo se enfrentó al fornido guajiro que corría tras un puerquito con el machete en la mano.

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A TIRO DE HUMOR CUBANO

Posted in Información with tags , , , , , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

CARICATURA DE LA AUTORÍA DE ENRIQUE LACOSTE

Texto: Mercy Azcano                                    Foto: Perfecto Romero

Curiosa y singular resulta la exposición colectiva de los caricaturistas del periódico humorístico Palante para quienes hoy pasean por la calle Mercaderes, en La Habana Vieja. Y es que contrasta el mensaje de paz de esta muestra titulada “A tiro de humor” con la sede escogida para la ocasión: el Museo Armería 9 de abril.

    En homenaje al 51 aniversario de la publicación (fundada el 16 de octubre de 1961) y a las jornadas por la Cultura Cubana, se exhiben hoy las más de treinta obras de la autoría de 17 caricaturistas. Entre ellos sobresalen reconocidos dibujantes como Francisco Blanco (Blanquito), Mirian Alonso (Míriam), Daisy Chong, Antonio Mariño (Ñico), José Luis Palacios (José Luis), Enrique Lacoste (Lacoste), Narciso Martínez (Narciso) Manuel Gómez (Sampayo) y Enrique Pérez (Enrique).

   También se incluyen dibujos de Gerardo Hernández Nordelo, uno de los cinco compatriotas presos injustamente en cárceles norteamericanas, ganador en la década del ochenta del concurso “Chispa Joven” (auspiciado por la publicación), y que aún hoy, continúa colaborando en las páginas de Palante.

    En la muestra están representados diversos géneros como: caricatura personal, humor blanco, negro, erótico, ecológico y sátira política, entre otros, así que si quiere reírse un rato con lo mejor del humor palantero le invitamos a visitar el Museo Armería 9 de Abril, sito en  Mercaderes 157 e/ Obra Pía y Lamparilla, La Habana Vieja (abierto de martes a sábado de 9.00am. a 5.00pm y los lunes de 1.00pm. a 5.00pm.).

 

¿ES USTED INVISIBLE?

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

UD. PUEDE SER INVISIBLE EN EL SIGLO XXI

Por: Mercy Azcano                                                                             Ilustración: Martirena

Para ser invisible no hacen falta superpoderes, pensaba Esperanza, mientras aguardaba en la cola de la farmacia a que le vendieran un medicamento. Y es que ninguna dependiente atendía a los clientes, de tan ocupadas que estaban en una escena surrealista: tres empleadas arreglaban estantes, dos contaban los paquetes de almohadillas sanitarias, una hablaba por teléfono y la más gordita, discutía el menú del almuerzo que le había encargado a una cuentapropista.

Al comentar sus pensamientos con un veterano que esperaba sudoroso con par de recetas en la mano, el hombre se empezó a reír:

-En efecto, ahora mismo, cuando entré al Consultorio Médico, atestado de pacientes, cortésmente di los buenos días y nadie me contestó.

-La sensación de ser inmaterial es tan frecuente como molesta, ayer en el agromercado me desgañité preguntándole al vendedor por el precio de la frutabomba y este fingió estar ocupado para no responderme –corroboró la mujer- pero, además, igual me sucede cuando entro a una tienda a comprar cualquier producto, le hablo a los empleados y ellos ni se dignan a dirigirme la palabra.

-Para nosotros los viejos la cosa es peor, cada vez que salgo a la calle con mi hija, las personas en lugar de preguntarme directamente cualquier cosa, se dirigen a ella, como si yo estuviera decrépito o no pudiera hablar por mí mismo.

A esa altura del diálogo, la cola de la farmacia se había multiplicado y se producía una riña entre las que contaban las almohadillas, porque los números no daban y cada cual defendía su resultado.

Un medio tiempo, que había escuchado la conversación entre Esperanza y el anciano, comentó:

 

-Hasta la familia me hace sentirme invisible, pues al llegar al hogar, mi esposa está fajada con los calderos; los muchachos, jugando en la computadora; y mi suegra, alelada frente al televisor; así que ni se enteran de mi presencia.

-Es que ya ni siquiera a la hora de la sobremesa lo notan a uno –se lamentaba el veterano- porque con el corre-corre diario no hay sobremesa, cada cual come por su lado, con el plato en la mano.

Al escuchar esto último, Esperanza lo rebatió:

-Donde único no me siento para nada invisible es en la casa, porque desde que entro por la puerta mis hijos me están exigiendo una merienda; mi esposo me pelea porque no encuentra la toalla para bañarse; mi papá me reclama que no le acabo de traer los espejuelos de la óptica, como si la demora fuera culpa mía, y hasta el perro me ladra, pidiendo su comida.

Para suerte de los concurrentes, la gordita jamaliche concluyó la definición del menú y llamó al primero de la cola. El turno le correspondía a Esperanza, solo que antes de que diera un paso en dirección al mostrador, se le adelantó una jovencita con uniforme escolar.

-Tía, deme un chance que tengo que entrar a la secundaria y mi abuela se antojó de que le comprara el meprobamato.

Sin esperar respuesta, la chiquilla extendió la receta y el dinero a la empleada, y la pobre Esperanza se sintió ignorada, una vez más, para confirmar su teoría de que en esta bella tierra, en pleno siglo XXI, cualquiera puede ser invisible.

 

El TITANIC Y UN SECRETO BIEN GUARDADO

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

LOS CUBANOS Y EL TITANIC

Por: Mercedes Azcano                                        Ilustración: Martirena

-Ya vienen las bandejas –anunció Lalo, emocionado.

Aquello sirvió de alerta a la jauría humana que aguardaba por el buffet de la fiesta. Como cada año, tras la entrega de los premios comenzaba el “brindis”, versión del jefe o “fetecún”, versión de los empleados. Quienes parecían conversar entretenidos, en realidad acechaban la presa desde puestos estratégicos, dígase: salida de la cocina, área cercana al director o espacio colindante con el de la novia del jefe de servicio.

Ismael, el viejo amigo de Lalo, se mantenía ensimismado, muy quietecito en su asiento, abrazado a un enorme maletín que no había soltado ni para aplaudir, durante el acto. Lalo, tras burlarse del gotero con el que al parecer habían servido los vasos de cerveza que acababan de coger, lo conminó a dejar a un lado “el tesoro” y ayudarlo a agarrar otra ronda.

-Esto es más que un tesoro y ni aunque te diera mil oportunidades, adivinarías de qué se trata- contestó enigmático el otro. Pero incapaz de contenerse, confesó:

-Es un violín, el violín del director de la orquesta del Titanic.

Incrédulo, Lalo sacudió la cabeza. Imposible que Ismael estuviera borracho con un trago de cerveza aguada. El otro prosiguió:

-Te pido que no le repitas a nadie lo que te voy a contar: Resulta que mi abuelo era mecánico en la Terminal de Palatino y allí se hizo amigo de un catalán sobreviviente del naufragio. Julián, que así se llamaba el tipo, venía con su esposa Florencia y embarcaron en el trasatlántico con billetes de primera clase, el 11 de abril, en Francia, un día después de que este zarpara de Inglaterra.

En la madrugada del 14 al 15, en que el lujoso barco fue víctima del accidente, la señora se subió a un bote de salvamento, de los que evacuaron a las mujeres y los niños, mientras que Julián, logró tirarse a uno que arreaban, varios pisos debajo de él, justo en el momento en que se hundía el Titanic. En las angustiosas horas de espera para ser rescatados, el hombre recogió el violín que flotaba en las aguas. Entonces…

La conversación fue interrumpida por una jovencita servicial que les acercó unos refrescos, con la advertencia de que esos serían los últimos líquidos que se repartirían. Resignados, agarraron los vasos, e Ismael prosiguió su relato:

-Cuando Julián se fue a morir le regaló el violín a mi bisabuelo y es que Florentina no quería ni oír hablar de la desgracia. Eso sí, el hombre estaba seguro que pertenecía a Wallace Henry Hartley, porque tras la cena, el día 12, se había acercado al músico, quien amablemente, le mostró el instrumento y le reveló que en el mástil, o el mango, que es lo mismo, tenía grabada una B, marca de cuando él tocaba en la Orquesta municipal de Bridlington.

Nuevamente fueron interrumpidos, aunque gratamente, por un ayudante de cocina que les extendía una colección de muslos de pollo. Ambos tomaron una pieza con la servilleta, como si trabajaran en el servicio diplomático. Hambrientos, hubieran preferido un pan con croqueta, producto menos alimenticio, pero más consistente.

-¿Y qué piensas hacer tú con ese violín?, eso vale una millonada, fíjate que ahora que se cumple el centenario del hundimiento, la UNESCO ha declarado los restos del trasatlántico como patrimonio cultural subacuático.

Atragantándose con el pollo, Ismael contestó:

-Pues se lo llevaré al Dr. Eusebio Leal para embullarlo a que abra un museo porque al consultar la lista de los pasajeros del Titanic, descubrí que rumbo a la Habana venían, no solo el señor Julián y su esposa Florentina, sino también una hermana de esta y un tal Servando Ovies y Rodríguez, así como Emilio Pallas y Castella, al parecer españoles.

Ay mi socio, ni aún en la época en que le tuve que abrir más huecos al cinto, por el periodo especial, quise vender el violín, para no decepcionar a mi abuelo. Creo que él se pondría muy contento de saber que a los niños de La Habana Vieja se les cae la baba al contemplar el instrumento en una vitrina.

Contrito, al pensar en los perniles de carne puerco que podrían comprarse con el dinero de una venta así, Lalo, se encogió. Adivinando su sentir, Ismael le extendió un chicharrón, que acababa de pescar de una bandeja en fuga.

-Al menos espero que me lo enseñes, enséñamelo por favor…

Una oficinista enfrascada en esconder tres chicharrones en una jabita de nylon, los miró con picardía. Al percatarse de la proximidad del administrador, la mujer guardó rápidamente el botín en la cartera y se olvidó de ellos.

Como ya el brindis estaba semi-liquidado, Ismael accedió a la petición de Lalo, con la condición de mostrárselo a escondidas en el baño para evitar curiosos. Así, después de aguardar con impaciencia que saliera el Económico en bronca con su dentadura postiza, se encerraron y el violín salió a la luz.  El instante fue mágico, en el deteriorado instrumento resaltaba la B, que Lalo acarició con respeto. Alguien, apurado, aporreó la puerta.

-¿Y por qué Julián no contó a la prensa su hallazgo?- inquirió Lalo.

-Porque el cadáver de Hartley pudo recuperarse y, aunque, el mundo lo considerara un héroe por su valentía al intentar preservar, con su música, la calma entre los desesperados pasajeros, se rumoraba que la naviera White Star Line cobró a su familia por el uniforme perdido.

Qué tacaños, pensó Lalo, mientras examinaba detenidamente el violín. Israel se lo arrebató de las manos con premura, lo guardó en el maletín y ambos salieron del baño. Afuera aguardaba una cola de diez personas, que no pensaron nada bueno al verlos tan coloraditos y sudorosos.

Aquello les convirtió en objeto de burlas durante varios meses. A Lalo no le importó, por el contrario, empezó a realizar búsquedas en Internet. Sin embargo, mientras descargaba las páginas relacionadas con la tragedia le rondaba la idea de que había dejado escapar un detalle de su fugaz encuentro con el violín.

Las sospechas comenzaron al descubrir la fuente de la que Ismael extrajo parte de la información, pues años atrás se había publicado la historia de Julián en el periódico Juventud Rebelde. Y en el material se hacía  referencia a un artículo de Rodolfo Santovenia, que vio la luz, en 1955 en la revista Bohemia.

Todo aquello le pareció raro al desconfiado Lalo, pero solo confirmó que la B del violín se la había ganado por “bobo”, cuando la memoria le devolvió aquel detalle del que había tratado de acordarse tantas veces: en los minutos que tuvo al instrumento en las manos había visto pegado, a la voluta del violín, un sellito diminuto en el que claramente se leía “Made in Taiwán”.

 

 

QUIÉN ROBA LIBROS…

Posted in Humor costumbrista with tags , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

PA’ QUÉ COMPRAR LIBROS SI LOS AMIGOS TIENEN

Por: Mercedes Azcano                                                     Ilustración: Martirena

Desde que Lalo comenzó a trabajar en el departamento técnico de aquella empresa procuró recopilar toda la información novedosa, publicada a nivel mundial, sobre el desarrollo de las tecnologías en materia de la informática y las comunicaciones.

Se sentía feliz, porque cuando los usuarios lo acribillaran a preguntas, él dispondría de revistas, libros y boletines editados en diversos soportes, con los cuales enriquecer su bagaje de conocimientos, y ofrecer respuestas bien documentadas.

Poco a poco se hizo de una valiosa biblioteca, en la que invirtió, además del salario de muchos años, tiempo y esfuerzos, porque escribió a colegas de todo el mundo que con sus donaciones contribuyeron a engrosar los fondos bibliográficos.

Sin embargo, pronto se sentiría defraudado porque muy pocas de las preguntas que le formulaban requerían de su vasta erudición técnica. La mayoría consistían en: dónde está la ñ en mi teclado o por qué mi ratón inalámbrico carece de cable; sin contar la de: me c…en la puñetera tecla Delete, que me ha borrado la carta que acaba de escribir.

Para colmo, el apartamento de Lalo se había convertido en un almacén atestado de libros, destinados al uso de sus amigos. Ya no tenía ni un minuto de tranquilidad porque continuamente desfilaban por su hogar decenas de personas que solicitaban préstamos.

Un día decidió poner orden en aquel caos, estableció horarios y la regla estricta de que los materiales fueran consultados en su casa, para evitar que le fueran hurtados.

Muy pronto se arrepentiría de tal decisión, porque ahora, además de que apenas podía dar un paso entre la papelería, se veía obligado a comprar ron o refrescos, y servir de camarero a los socios que juraban venir a estudiar, cuando en realidad buscaban un lugar donde pasar los ratos libres.

A los estragos al bolsillo y la perdida de la privacidad, se sumó un estado alérgico que lo ató definitivamente al pañuelo. Entre toses y carrasperas se cohibía hasta de ir al baño, para vigilar sus tesoros documentales. Y ni que decir de las noches en vela por culpa de los desconsiderados que se envasaban frente a la computadora durante horas.

Por todo lo anterior, llegó el momento en que Lalo se hartó del cambio en su condición de propietario, a custodio de la biblioteca, y tomó la drástica determinación de librarse de ella.

Necesitaba deshacerse de los libros, pero no los vendería puesto que su pena innata le impedía triunfar como comerciante. Tampoco los obsequiaría para evitarse las broncas con los socios, que lo pondrían en tres y dos, a la hora de donar los volúmenes.

Como el que persevera triunfa, tras mucho romperse la cabeza encontró una ingeniosa forma de salirse con la suya. La táctica consistía en que cada vez que llegaba un visitante, Lalo lo acomodaba en el sofá frente al librero y buscaba un pretexto para dejarlo solo.

La probidad de los lectores se veía puesta a prueba de manera tal, que hasta los más íntegros cedían a la tentación. Las mujeres se llevaban los libros en los bolsos, mientras que los hombres los ocultaban entre las ropas. No era raro ver en pleno agosto a un tipo derretido dentro de un abrigo, apretando bajo el sobaco un diccionario de computación.

Bastaron tres meses para que le desvalijaran los estantes. Cuando por fin consiguió verse libre de los inoportunos, del polvo y de los ácaros, organizó una fiesta a la que invitó a todos sus amigos. En ella anunció la rotura definitiva de la computadora y la noticia de que a partir de ese instante sería él quien, cada vez que necesitara hacer una consulta los visitaría, así podría hojear sus antiguos libros y, de paso, pegar la gorra.

PENSAR A LO GRANDE CON CRISTÓBAL COLÓN

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

SI COLÓN SALE DE SU TUMBA…

Texto: Mercy Azcano                                                Ilustración: Martirena

Algo oscuro ocultaba el súbito llamado recibido por Lalo para que se presentara en la oficina del jefe. Si ya había entregado el informe del mes y no era su cumpleaños, de seguro lo acechaba alguna trampa mortal.

Con recelo se enfrentó a la fiera, aquello pintaba mal. Su desconfianza aumentó cuando, con voz melosa, Juanita la secretaria le brindó café. Tras beberlo de un golpe, y para disimular su nerviosismo Lalo bromeó:

-Mujer no hacía falta pasarlo por agua, pues acabo de someterme el control antidoping.

El jefe, al que no le hizo ninguna gracia el chiste, con cara de pocos amigos le dijo:

-Compañero Lalo, se me ha ocurrido la brillante idea de celebrar en la empresa un importante acontecimiento histórico: el encuentro entre dos mundos con la llegada de Colón a América en 1492. Y para ello necesito de Ud., una iniciativa con visión de futuro, que ponga de manifiesto el caudal de ingenio que atesora nuestro personal y que se ha reflejado en…

Durante más de media hora se extendió el hombre en su perorata. Solo que Lalo dejó de escucharlo. Estaba concentrado en maldecir su mala suerte y aguantar el dolor de estómago fulminante provocado por aquel “aguichirre”.

Dos días sin dormir, le costó al hombre generar la idea de un concurso para que los empleados sugirieran, a través de mensajes enviados por la Intranet, audaces proyectos que hubiera emprendido en la empresa el intrépido Almirante, de vivir en pleno siglo XXI.

“PENSAR A LO GRANDE”, tituló al concurso y difundió la convocatoria. De jurado propuso a su amigo Ismael, fanático de las ideas disparatadas; a Juanita la secretaria, que lo tenía entre ceja y ceja desde el día del café; y a Alfredo, el viejo asesor de la empresa, del que todos afirmaban había acompañado a Colón en su aventura náutica.

El propio Lalo envió su propuesta: crear un blog  al que todos tributaran las informaciones científicas más novedosas relacionadas con la informática. Sin duda, sería una fuente virtual de sabiduría para el colectivo.

Mucha gente se embulló con el concurso. Por los pasillos corrían las extrañas sugerencias, como la de quien animado por los Juegos Olímpicos de Barcelona, propuso encender el horno de la cocina-comedor con una flecha con fuego en la punta.

Otro, planteó que en lugar del consabido solapín, que debían exhibir para acceder a la empresa, se diseñara un tatuaje que identificara a los trabajadores y, de paso, se brindó para tatuar a Rosita, la económica, en una parte a la que definió como “cachete”, aunque todos intuyeran que no se refería, precisamente, al rostro de la hermosa muchacha.

Lucy, la del almacén, ideó un formulario que debería se rellenado por quien solicitara la llave del baño. En él figuraban, entre otras preguntas: qué necesidad se efectuaría (marcar la casilla 1: pipi; la 2: caca y la 3: otras, como fumar o poner los cuernos); el tiempo que tomaría llevarla a cabo (especificar el número de horas en el caso de ser estreñidos) y aclarar si se ejercitarían deportes en el curso del acto (tiro al blanco contra el retrete, para mejorar la puntería, o cuclillas sobre el inodoro).

La cantidad de mensajes recibidos y la diversidad de ideas, mantuvo ocupados a los miembros del jurado. Cuando por fin llegó el día de la premiación, los empleados expectantes, sudaban la gota gorda reunidos en el teatro (sin aire acondicionado).  El director se ensañó en su discurso de apertura, al remontarse a los Vikingos, a Colón y a los cinco siglos transcurridos, para tras una hora, anunciar al ganador del concurso.

El vencedor había sido Félix el electricista, por la actualidad de su proyecto relacionado con el cambio climático. En realidad, el jurado le había otorgado el premio sin entender mucho en qué consistía la idea. Pero en parte, por lo disparatado del resto de las propuestas, y en parte, porque ninguno leyó las cerca de cien páginas en las que él hombre argumentaba la necesidad de prestar atención a tan grave problema por sus efectos globales, le declararon ganador absoluto.

Al leer el acta del jurado, Ismael aprovechó para tracatanear al jefe por la iniciativa del concurso. Por fin, antes de verse abucheado por la masa, invitó a Félix a subirse al estrado para explicar su iniciativa.

Con aire triunfal el joven avanzó hasta el podio y entre aplausos inició su intervención:

“El mundo ha cambiado tanto que si el gran navegante viviera hoy se espantaría al ver como en el Polo se derriten los hielos a gran velocidad, crece el nivel de las aguas, los pingüinos y las focas mueren por millares…”

Al llegar aquí se dejaron escuchar murmullos de impaciencia. Pero el muchacho continúo imperturbable:

“En Europa las olas de calor han provocado perdidas de vidas humanas, y la nieve comienza a desaparecer…”

Acalorados, y no precisamente por el clima europeo los trabajadores empezaron a removerse en los asientos.

“Cálmense, que ahora viene lo bueno. Mi idea es que en el siglo XXI el Almirante habría viajado a América con la idea de que si en Europa se estaban derritiendo de calor, en esta parte del mundo pronto nos congelaríamos, así que propongo crear una Estación Invernal en la empresa, que permitirá a nuestros trabajadores y sus familias esquiar en las vacaciones, además de atraer al turismo, una vez que empiece a nevar en Cuba, debido al cambio climático”.

Tras oír tan “brillante idea”, Lalo se quedó congelado, y más aún cuando el director abrazó al chico, mientras le felicitaba por PENSAR A LO GRANDE…

PERIO-TECTOS O ARQUI-DISTAS

Posted in Humor costumbrista with tags , , on octubre 31, 2012 by mercybroma

TRAVESURAS TECNOLÓGICAS…

TEXTO: MERCY AZCANO       ILUSTRACIÓN: MARTIRENA

Como un grupo de periodistas y arquitectos estaban invitados a visitar la empresa, donde recibirían un homenaje, el director comisionó a Lalo para organizar el recibimiento. El consabido cafecito de bienvenida estaría garantizado (contaban con la cuota y apenas corrían los primeros días del mes), pero cómo entretenerlos hasta la hora de almuerzo.

Ahí fue donde se le encendió el bombillo a Lalo: prepararía una disertación en la que develaría lo que, a su juicio, ambas profesiones tenían en común. Varios días le tomó el redactarla, pero una vez concluida le entregó una copia a  su amigo y colaborador Ismael para que le preparara una presentación digital.

El día fijado, el teatro se abarrotó con un público conformado por los visitantes y los propios trabajadores de la empresa. El orador con la elegancia de siempre, esperó a que Ismael preparara la computadora portátil para proyectar el power point en una enorme pantalla. Cuando todo estuvo listo, Lalo inició su discurso:

“Periodistas y arquitectos, cargan con su equipaje de conocimientos del cual extraen las ideas al enfrentar disímiles situaciones.  Ambos deben conservar la capacidad de asombro, viven de las preguntas y necesitan el diálogo (los primeros con las fuentes y los públicos, los otros, con los espacios). Estos profesionales se distinguen por su ética, sensibilidad, capacidad de observación, cultura, ingenio y creatividad”.

De repente el auditorio estalló en risas y el orador se dio cuenta que la gente se divertía con una secuencia de fotos expuestas en la pantalla, en las que aparecía junto a Ismael con tremenda curda haciendo papelazos en la playa. Cuando el amigo se dio cuenta de la metedura de pata, a toda prisa cerró el programa y abrió la presentación correcta. Lalo prosiguió:

“Edificios y reportajes no se pueden dar por concluidos hasta que no son habitados o leídos, pues la aprobación final depende de las personas que los disfrutan.  Al igual que un arquitecto ha de tener en cuenta el contexto urbanístico en el que se insertará su proyecto, el periodista ha de profundizar en el ámbito económico, político y social en el que se desarrolla el acontecer noticioso. Ambas son profesiones comprometidas…”

Las carcajadas del auditorio interrumpieron a Lalo, quien se quedó petrificado cuando vio la imagen de un canguro en la pantalla. Y es que Ismael, en un alarde artístico, había intentado establecer un paralelo entre la bolsa del animal y el equipaje de conocimientos, mentado al principio de la alocución. Con deseos de matar al amigo, pero sin perder el hilo, Lalo añadió:

“No es lo mismo proyectar una escuela, un museo o un zoológico, como no es igual reportar para el radio, la prensa escrita, la televisión o las agencias noticiosas. Los sólidos cimientos de una edificación, son necesarios, pero también el fino acabado, los jardines, las terrazas y los espacios abiertos. La belleza arquitectónica es tan indispensable como engalanar las ideas con un lenguaje culto y hermoso”.

Al llegar aquí, las risotadas estremecían el teatro. Nuevamente el motivo era, Ismael, quien en su apuro por sincronizar la presentación con el discurso, se había saltado un montón de diapositivas y ya en pantalla se exhibía un FIN descomunal y una mano equivalente a un ridículo adiós.

Lalo dirigió una tímida mirada al director de la empresa que se encontraba sentado en primera fila y lo que vio fue a un toro que bufaba con los ojos inyectados en sangre. Ahora las orejas del orador se pusieron calientes como hornillas de fogón, pero imbuido del coraje de los músicos del Titanic, se juró terminar la intervención a como diera lugar.

“La sagacidad del reportero, similar a la perspicacia del arquitecto…”

Una falla eléctrica sumió al teatro en una oscuridad total. En fracciones de segundos Ismael se dio cuenta que esa era la oportunidad para recoger los pedazos de autoestima que le quedaban a Lalo, así que ni corto ni perezoso, empezó a aplaudir. La  señal sirvió para que la audiencia, cansada de tantos desaciertos, se sumara a la estruendosa ovación. Así que Lalo se vio obligado a abandonar el podio, quedándose con las ganas de hacer una última recomendación a los perio-tectos o arqui-distas: jamás dejarse ayudar por inútiles-torpes-incompetentes asistentes.