SUPERTOSTÓN LALO EN DEFENSA DE LOS ANIMALES

SUPERTOSTÓN LALO ENFRENTA EL ABUSO CONTRA LOS ANIMALES

Por: Mercy Azcano                                              Ilustración: Martirena

Vencía Lalo uno de sus traumas infantiles: botar la basura, cuando vio la cruel escena. Bueno, lo de basura era culpa de la madre, que lo perseguía para que cumpliera la tediosa obligación y  como tratara de escabullirse, le lanzaba la bolsa desde el balcón, arruinándole el único pitusa de su ropero.

Pero siguiendo, con el hilo de la historia, resulta que Lalo presenció como unos muchachones azuzaban a un par de perros de pelea para que se mataran a mordiscos. Un coro de imbéciles enardecidos gritaban obscenidades, mientras los canes se despedazaban.

Lalo era un defensor incondicional de los animales y eso mismo le había inculcado a su sobrinito Douglas. El niño, atraído por la gritería, acababa de asomarse a la puerta y observaba los sucesos con curiosidad.

Fue entonces, que el tío se sintió en la obligación moral de detener la pelea de perros y para ello deseó ser un tostón con superpoderes (se trataba de un cuento de su invención, que cada noche le contaba al niño). En el relato, el hechizo de una bruja a un plátano común creó un tostón mágico, capaz de imponer la justicia en el mundo.

Claro que Lalo no tenía superpoderes, aunque cuando se atrevió a intervenir en la pelea,  los muchachones casi lo vuelven un tostón a puñetazos.  Por fortuna, pasó una patrulla y los abusadores se esfumaron, así que Lalo regresó a la casa con la nariz aplastada y el corazón henchido de orgullo, frente al sobrino, fanfarroneando del superpoder de atraer a los policías.

El domingo, al llevar a su sobrino Douglas, de visita a casa de una tía, en el pueblo El Rincón, en Santiago de Las Vegas, vivieron otra experiencia difícil, cuando se transportaban en un coche de caballos y el conductor la emprendió a latigazos contra el noble animal. En su desmedida ambición el cochero tenía como pasajeros a seis gordos, y el caballo, agotado por el peso, avanzaba como en cámara lenta.

De nuevo supertostón-Lalo se involucró, lo cual le costó a tío y sobrino hacer el resto del camino a pie. Mientras avanzaban, el atribulado Lalo, supo que le había llegado el fin, al protagonista de sus cuentos, así que empezó a contarle a Douglas, la historia del vengador-animal, un piojo travieso enemigo de los abusadores.

Al llegar a su destino, fue tal la contentura de la tía que decidió prepararles una comida criolla. Una nueva aventura comenzaría para Lalo, quien se dijo: Espero que como piojo, me vaya mejor que como tostón. Y lleno de ánimo se enfrentó al fornido guajiro que corría tras un puerquito con el machete en la mano.

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