¿QUÉ LE FALTA A LA HABANA?

SIEMPRE HAY OPCIONES PARA SALIR DE UN APURO.

TEXTO: MERCY    ILUSTRACIÓN: MARTIRENA

Ante la cercanía de un nuevo aniversario de la fundación de La Habana, Lalo eterno enamorado de las bellezas de su ciudad, se puso a pensar en qué nuevo proyecto podría convertirla en una metrópoli ideal.

A su juicio, tendría que ser una instalación multifuncional que la insertara en el Olimpo de la Arquitectura.  Pero, ¿qué idear en una urbe tan rica en monumentales edificaciones? Teatros, museos, bibliotecas, sitios históricos, paseos, plazas…No por gusto La Habana Vieja y su sistema de fortificaciones están incluidos en la Lista del Patrimonio Mundial, discurría el idealista Lalo.

Ensimismado en sus pensamientos, aquella tarde casi ni habló durante la sobremesa. Motivo por el cual Ismael, su amigo; Martica, su hermana y Douglas, su sobrino, que jugaban dominó, comenzaron a embromarlo. Para poner fin al relajito a su costa, Lalo les transmitió su inquietud.

-Lo que esta ciudad necesita es la Casa del Cake –sugirió la glotona Martica, que soñaba con vivir permanentemente en el Museo del Chocolate, atiborrándose de bombones.

-Socio, lo mejor sería crear la Casa del Humor, así las personas disiparían los disgustos habituales con el transporte, las colas y los precios del mercado, riéndose en exposiciones de caricaturas o espectáculos humorísticos –razonó Ismael.

Aquello puso a pensar a Lalo, conocedor del patrimonio cultural de la ciudad por ser un participante entusiasta en el programa Rutas y Andares, que cada año convocaba en el verano la Oficina del Historiador.

Le encantaban los paseos por los museos de la Ciudad, Orfebrería, Numismático, de Naipes, de Arqueología, de Pintura Mural y, sus preferidos: el del Tabaco y el del Ron. Se conocía de memoria las salas de los dos Museos de Bellas Artes (el de arte cubano y el universal), había disfrutado de hermosos conciertos en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís y en el Oratorio San Felipe Neri. Pero en verdad, sentía que faltaba una Casa del Humor.

Sin embargo, para su sorpresa, la propuesta más curiosa la hizo su sobrino Douglas:

-Tío, yo creo que lo que tu debes pensar es en que se construyan bastantes baños en La Habana.

-¿Baños? –preguntó, curioso, Lalo.

-Sí, porque cuando la maestra nos lleva de visita a la casita de Martí o de Juan Gualberto, o cuando vamos a jugar al parque inflable los fines de semana, nunca tenemos donde orinar y tenemos que hacerlo debajo de las matas.

Los mayores se quedaron petrificados al rememorar gratificantes recorridos en los que sufrieron lo indecible aguantando las necesidades naturales del organismo, por no encontrar un triste baño. Es verdad, se dijo Lalo, para edificar grandes sueños, como las pirámides, hay que pensar en los sencillos pilares, en este caso: los baños públicos.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: