DEL BOLERO AL WAKA-WAKA

¿Quedarán románticos en el siglo XXI?

Por: Mercy Azcano                 Ilustración: Martirena

La radio de Carmen, la vecina de Lalo estaba a todo volumen y mientras él, atareado, hacía los preparativos para una cena romántica con la que podría ser la mujer de su vida: Dora, no Dora la exploradora, sino Dora, la nueva peluquera del barrio.

“Aunque lejos estemos tú y yo, siempre unido estará nuestro amor; añorando tan solo el momento de estrecharte con loca y tenaz pasión…”, entonaba Vicentico Valdés con su voz de oro, el hermoso bolero de Piloto y Vera. Aquella melodía le ponía a Lalo la carne de gallina, y es que, aunque le costara confesarlo, él era un sentimental de los que gozan sufriendo.

El pollo casi estaba a punto en el horno, las copas listas, y hasta helado había comprado en la shopping, echando pa’ adelante los ahorritos para ver si conmovía el corazón de la dama, cuyos ojazos lo traían loco.

“Para que decir que me gustas mucho, para qué contarte mi desolación. Si tu no comprendes lo que por ti sufro, si no te das cuenta que eres mi amor…”, se escuchaba en el momento en que sonó el timbre y a Lalo se le quiso salir el corazón del pecho.

Para su “desolación” el que llegó fue Ismael, su amigo, abrumado por la visita intempestiva de un primo cienfueguero con problemas matrimoniales. La mujer le pegaba al marido por no esmerarse en el lavado de la ropa de la familia, y para colmo el más pequeño de sus hijos, igualitico al padrino y hasta con su mismo nombre, ya había aprendido a morderle las canillas al padre.

-Tu primo es un tarrú’ –gritó Lalo, apurado por deshacerse de Ismael para que no se encontrara con Dora.

“Cuantas cosas pasaron entre nuestros amores, cuántas cosas que el alma no podrá nunca olvidar. Caricias y ternuras en horas placenteras que en mi recuerdo son fatalidad…”, tarareaba la vecina Carmen, con voz de becerra en celo. Y como si la letra de la canción obrara un milagro, para alivio de Lalo, su amigo Ismael se despidió.

Diez minutos después llegó Dora, con un vestido ceñido y su sonrisa de princesa a cautivarle. La cena transcurrió tal y como el galán la había previsto, y hasta los boleros que se escuchaban del apartamento vecino, estaban a tono con el romántico instante.

Ya en el sofá, con la tacita de café en la mano el nerviosismo de Lalo llevó la conversación al tema digital preferido por el informático, las ventajas de las wiki, como páginas que pueden ser enriquecidas por múltiples usuarios.

Cuando ya Dora, que ni computación sabía, ponía cara de gallina con moquillo, se escuchó en la radio: “Estoy sentimental y no quisiera estarlo, que desesperación estar enamorado…”. Lalo no pudo contener más su amor y abrió la boca para declararse, pero Dora se le adelantó:

-Mi’jo, déjate de tanto romanticismo y tanto wiki, y vamos para el cuarto a practicar el waka-waka…

Mientras era arrastrado al dormitorio, Lalo trataba de imaginar el intríngulis de los boleristas para enamorar con el waka-waka.

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