Archivo para enero, 2013

¡SILENCIOOO…!

Posted in Humor costumbrista with tags , , on enero 9, 2013 by mercybroma
INVASIÓN SONORA

INVASIÓN SONORA

TEXTO: MERCY     ILUSTRACIÓN: MARTIRENA

-¡Cógeme los huevos! –voceó el vendedor, y añadió en tono picaresco- con cariño y a dos pesitos.

Lalo, sentado en un muro mientras aguardaba el turno para pelarse, lo miró con cara de pocos amigos.

Este tipo es un amarga’o”, pensó el otro, y como si le leyera la mente, Lalo se dijo para sus adentros: No soy un amarga’o, lo que pasa es que el ruido me tiene hasta los…

-Huevooosss…lleva tus huevitos baraticos…-gritó el escandaloso.

Y el apesadumbrado Lalo se quedó cavilando en que el barrio se había convertido en un auténtico gallinero. Años atrás la bulla provenía, generalmente de la grey infantil. Vociferaban los apasionados jugadores de pelota, y también, los propietarios de las ventanas cuyos cristales sufrían el embate de las temporadas beisboleras.

Una que otra vez, alguna parejita anunciaba su boda o “suicidio” (al decir de los bromistas) con el claxon del auto nupcial. Pero ahora, la contaminación sonora del vecindario resultaba insoportable. Imbuido en sus pensamientos, Lalo no se había percatado de la proximidad de Ismael, su mejor amigo, quien lo saludó con un manotazo en el hombro:

-¿Cómo va la chapeadora, socio? –preguntó, refiriéndose al barbero.

-Con esos pela’os raros que le piden los chamas y la cantidad de gente que hay, creo que me agarra el lunes, en la cola.

Un energúmeno que acababa de llegar, lanzó un bramido que estremeció los cimientos del portal:

-¿El último?, ¿quién es el últimoooo…?

Un gracioso le respondió a voz en cuello: “El último eres tú, porque yo soy el penúltimo”. Lo que se dijeron después, por suerte nadie pudo oírlo, porque en la calle se cruzaron varios carretilleros. “Compre su plátano maduro y su buena cebollaaa…”, chillaba uno; en lo que otro, pitaba con un silbato e intercalaba su pregón: “Aquí su pan suave, calenticooo…”.

Lalo le comentó lo de la invasión sonora a Ismael, quien coincidió en sus opiniones:

-Figúrate, anoche mismo no pude dormir porque se disparó la alarma de la tienda de los bajos y nadie vino a apagarla, por suerte no se trataba de un robo, porque de serlo se habrían llevado hasta los clavos.

-A mí lo que me desvela es el perro del vecino, que toda la noche se la pasa ladrando en la azotea, el perro, no el vecino, aunque este es más animal que su mascota.

-Nada es comparable con los bafles de Yosvany, el muchachón de los bajos, y es que a todo volumen nos tortura durante horas con la música más pedestre.

-En eso discrepo –intervino Lalo- porque los días que pasé en provincia, en casa de mi tía Juana, la que vive frente a la terminal, sufrí en carne propia el escándalo de los cocheros, con sus borracheras y sus chistes groseros, durante toda la madrugada.

Justo en ese punto de la conversación, Ismael divisó a su vecina, quien acababa de asomarse al balcón del tercer piso del edificio de enfrente, y sin pensarlo le gritó:

-Maríaaa…, tírame la soguita con la jaba para ponerte el yogurt que te compreeé…

Aquello colmó la paciencia de Lalo. Ni corto ni perezoso, abandonó la cola de la barbería. Para qué pelarse, si gracias a la cabellera que le tapaba las orejas, aún conservaba los tímpanos.

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DESPROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on enero 9, 2013 by mercybroma
A BOTAR GORDAS EN EL 2013

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA…

TEXTO: MERCY        ILUSTRACIÓN: MARTIRENA

Jugaban al dominó aquel domingo, cuando Lalo empezó a enumerar sus deseos para el nuevo año:

-Pienso volver a correr por las mañanas para ver si bajo las empellitas de grasa, meterle cabeza a unos juegos didácticos en computación y acabar de arreglarle la pata al librero, que ya es puro comején.

Ismael, su pareja en el juego, prosiguió:

-Deseo que a los choferes de ómnibus les de por escuchar boleros y que, en el caso de los almendrones, siempre tengan vuelto para billetes de veinte cañas.

Martica, la hermana de Lalo aprovechó la distracción de los contrincantes para meter un forro con el blanco-ocho.

-Mamá, esa ficha no va ahí –gritó Douglas, su hijo, con la típica ingenuidad infantil.

-Niño, pa’ la próxima te callas –se molestó ella- no ves que no tengo nueve.

-Pues yo sí, allá va la que menos pesa –se apresuró en jugar Lalo, para soltar el doble- y hazme el favor, mi hermana, deja de hacer trampas…

Para disimular su enojo, la mujer se apresuró en retomar el tema:

-Mi propósito este año es hacer dieta y bajar por lo menos veinte libras…

-Sí, y yo me pienso convertir en el lanza-cuchillos del circo –comentó Ismael, burlándose.

-No te rías, en verdad me han dado unas recetas buenísimas como la de la pizza de berenjena, y no me puedes decir que los vegetales engordan…

Lalo se acordó de las sucesivas dietas de su hermana: la de la Luna, la del té, la del agua, la del berro y la peor, la de las proteínas, que acabó con los ahorros familiares de cinco años, sin que la mujer bajara un gramo, aunque sí se montó en los catorce de hemoglobina.

Pensó entonces en deseos prácticos como: que los cajeros automáticos nunca se rompieran, que al llamar al 113 no hubiera congestión en las líneas, que su amigo Ismael dejara de pegar la gorra en las fechas señaladas, que Martica aprendiera a cocinar para que el arroz no le quedara hecho bolas, que los vecinos dejaran de importunar a la hora del juego de pelota, que Douglas no pegara más mocos debajo del brazo del sillón…

-Pues yo querría que todos los días fueran de vacaciones –suspiró el sobrino, como si pudiera escuchar los pensamientos del tío.

-Y yo que tu padre te llevara para su casa, aunque fuera una semana -ripostó Martica, con rencor, al volverse a pasar frente al nueve.

Mientras esperaba a ver la jugada de su amigo Lalo, Ismael se entretuvo en imaginar deseos disparatados relacionados con el trabajo. Qué rico sería convertirse en suplente de comensales ausentes en los restaurantes, probador de colchones, catador de chocolates o heredero sustituto para las grandes fortunas.

Lalo también se pasó al nueve y le tocó el turno a Douglas, quien siguió soltando fichas.

-Este niño es un bota-gordas –dijo Ismael, que ahora no llevaba el ocho, puesto por el chico- a ver, mi’jo, juega tú solo…

Para aliviar la tensión el tío intervino:

-Pensándolo bien, lo que más deseo es que mis compañeros de departamento retomen el vicio de fumar, porque no hay nada más económico que ser un fumador pasivo, no te gastas un medio y gozas con el humito…

Fue en ese momento que el juego se trancó y al virar las fichas Douglas resultó ganador con el doble blanco. Sin ponerse de acuerdo, los tres mayores, desearon mentalmente, al unísono, que el próximo curso escolar los maestros extendieran las clases hasta los domingos.