¿DÓNDE CONSUMAR EL HECHO?

LEER ES UN PLACER.

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CARICATURAS: LACOSTE Y MARTIRENA

De madre subirse a una guagua a las cinco de la tarde con dos pescados de dieta congelados en la jaba, pensó Julia. Quería llevar a sus nietos a la Feria del Libro y, aunque allí había muchas opciones gastronómicas, se proponía gastar el dinero en obras y no en “pan con algo”. De ahí que cargara con los pescados para que su hija preparara unas croquetas.
Como el ómnibus se tardara, la anciana se dedicó a su deporte favorito: escuchar conversaciones ajenas. Agazapada tras un poste comenzó a espiar a una pareja. Ignorantes del acecho, los jóvenes conversaban animadamente.
-¿Por fin lo compraste? –le preguntaba ella a él.
-Sí, pero no puedo sacarlo aquí porque llamaría demasiado la atención y es que me costó un trabajo conseguirlo.
-Tú siempre con la pena… ¿por fin, en qué quedamos: en tu casa o en la mía?
-Cada uno por su cuenta para poder concentrarnos –respondió el chico.
-Eres tremendo egoísta –terció ella- pues a mi me gustaría invitar a nuestras amistades.
-¿Te has vuelto loca?, lo mejor es gozar a solas, en la camita o en el baño.
Ensimismada en aquella plática que se tornaba cada vez más caliente, Julia movía las orejas como un radar.
-¿Y si vamos para el parque?, allí bajo la ceiba hay tremendo fresquito.
-¿A esta hora?, qué va…-se resistió el muchacho- acuérdate de la otra vez, que unos chiquitos casi me parten la cabeza de un pelotazo.
-Si sigues poniendo pretextos lo vamos a hacer en la guagua –dijo ella.
Tan entretenida estaba Julia con la conversación, que no se dio cuenta que se había aproximado demasiado.
-Abuela échese pa’allá –protestó la muchacha- que me congela la canilla con esa jaba fría.
Antes de que la mujer pudiera responderle, una guagua repleta dobló la curva y se detuvo a dos cuadras. La gente se echó a correr y la pareja también salió disparada. Gracias a su juventud, los muchachos consiguieron subir, justo antes de que arrancara.
El ómnibus siguió de largo y en la parada se quedó la desconsolada Julia: sin guagua y sin chisme. Jamás pudo enterarse de que los enamorados al fin se pusieron de acuerdo. Ambos escogieron el muro del malecón habanero como sitio ideal para consumar el hecho: leer juntos el Palante, que, con tanto esfuerzo, él había conseguido.

¿QUÉ TAL MI COLA?

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