DE BRASIL UN PAQUETE VERANIEGO

 

SORPRESA BRASILEÑA

SORPRESA BRASILEÑA

DE BRASIL UN PAQUETE VERANIEGO

Por: Mercedes Azcano Torres       Fotomontaje: Miriam

“Me revolví”, gritó Lalo y pegó un salto de alegría. Y no se refería al verbo revolver en ninguna de sus acepciones conocidas, sino a la muy particular de “me salvé”, pues en efecto, al parecer acababa de caerle del cielo un “salve”, léase un dinerito,  para “salvar” su economía veraniega.

La historia comenzó meses atrás cuando Lalo, su hermana Martica y el hijito de esta, Douglas, coincidieron con una familia brasileña  durante un fin de semana, en una base de campismo.  Con la espontaneidad que nos caracteriza, los cubanos establecieron relaciones entrañables con el matrimonio carioca y sus pequeños. Y como es natural, al despedirse intercambiaron señas, con la promesa de mantener la amistad.

Y hoy, cuando ya Lalo ni se acordaba de ellos, Martica le contó de la inesperada llamada de un turista para avisarles que les traía “un paquetico” enviado por los brasileños. ¿Qué será?, se preguntaban, mientras soñaban despiertos.

Martica, fantaseó con unos zapatos de lujo caros, pues recordaba una conversación en la que la brasileña comenzó a mentar marcas y modelos, y a ella no le quedó más remedio que admitir su ignorancia al respecto, pues solo tenía un par para saliditas especiales. Claro, que se escudó en el pretexto de la talla, y de que un número 7 desparrama’o no es fácil de conseguir.

Douglitas, se imaginó dueño de una tableta con todas las aplicaciones instaladas, y sobre todo con muchos videojuegos, pues así podría hacer más amigos en la escuela.

Lalo los bajó de la nube. ¿Zapatos caros?, ¿Tecnología? Nada de eso. Si el hombre lo definió como “un paquetico”, imposible que contuviera las lanchas de su hermana. Por otra parte, en caso de que fuera una tableta, a nadie se le hubiera ocurrido envolverla mucho, por lo delicado de la tecnología.

Al anular las esperanzas de la mujer y el niño, aprovechó para reprenderlos. Cómo se le había ocurrido a Martica dar aquella imagen carencial a unos extranjeros. Y ni qué decir de la absurda idea de Douglitas de que los amigos se consiguen con objetos. Fue entonces que le puso de ejemplo la larga amistad entre Ismael y él, a pesar de que siempre estaban arranca’os.

Seguro, continuó, se trata de un dinerito.   En realidad, él deseaba con todo su corazón recibir unos pesitos que costearan las vacaciones familiares.  Porque los ahorros destinados a ello, los había invertido en una cajita digital para el televisor, como obsequio a Douglitas por su cumpleaños.

En fin, esa misma tarde se despejaría la incógnita, pues Martica concertó la cita con el visitante a las tres de la tarde, en el hotel. Para garantizar el éxito de la operación salió con dos horas de antelación. A despedirla concurrieron: Lalo, Douglitas y hasta Ismael, quienes le hicieron recomendaciones de todo tipo.

“No te pongas nerviosa. Cuidado al cruzar las calles y más cuidado con los baches para que no te vayas a caer. No corras tras la guagua para que no llegues sudada. Al entrar al hotel hazte la turista. No hables mucho con el hombre y así no meterás la pata. Nada de mostrar ansiedad y ni se te ocurra abrir el paquete allí. Guárdalo bien en el bolso y durante el camino mira pa’ todas partes no vaya a ser que te caigan atrás. Trata de regresar en un almendrón, para evitar a los carteristas”.

Tardísimo volvió Martica a la casa con el maquillaje corrido, el vestido arrugado, y para colmo toda magullada. Apremiada por quienes la aguardaban, desesperados, contó su odisea.

-De principio, el accidente no me ocurrió en la calle, sino en la acera, donde por poco me traga un cráter. Con el tobillo vira’o tuve que correr dos cuadras para agarrar la guagua, después de tremendo rato esperando que alguna se dignara a detenerse en la parada. Al llegar tarde, el turista se había ido a dar un paseo. La buena noticia es que al fin nos encontramos y me entregó una bolsita lujosísima. Como acordamos ni la abrí, porque además estaba precintada. Lo del almendrón fue una salación, porque ahora los choferes se han puesto de acuerdo pa’ acortar los trayectos y aumentar los precios. Así, el viaje que me habría costado diez pesos, ahora fue de veinte. Menos mal, que como Virgo al fin, llevaba mi reservita.

En un ceremonial sagrado y ante la expectativa de Lalo, Douglas e Ismael, la mujer sacó la bolsa y después de cortar las cintas que la sellaban, se la dio al hermano para que develara el misterio.

Trémulo, Lalo extrajo el contenido.  ¿Fotografías?, exclamaron al unísono. En efecto, se trataba de un grupo de alegres imágenes, donde se veía a las dos familias compartiendo en la piscina, el restaurante, los paseos a caballos, y hasta en el bailable de la base de campismo.

El desánimo fue colectivo. Adiós zapatos, tableta y dinero para las vacaciones veraniegas.  Pero, como siempre, el optimista Lalo, agarró las fotos, buscó goma de pegar y arrastró al sobrino al cuarto.

“Pegaremos las fotografías en la pared, para acordarnos de los gratos momentos que pasamos en el campismo, pero todavía nos quedan muchas opciones más baratas para disfrutar en las vacaciones: iremos a la playa, a los museos, leeremos los libros que compramos en la Feria, te llevaré a jugar pelota y tú me enseñarás el baile raro ese que está de moda ahora”.

Douglitas comenzó a reír, y es que imaginaba al tío en el juego de pelota, con lo malo que era, y si como pelotero Lalo resultaba pésimo, para qué pensar en su faceta de bailador. De seguro estas vacaciones sí serían divertidas y se acordarían mucho de los amigos brasileños. No solo por las fotos o por el equívoco vivido, sino porque se daría banquete en agosto con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, por televisión.

 

 

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