¿A QUIÉN NO LE GUSTA LA PIZZA?

¡QUÉ RICOOO…!

Por: Mercedes Azcano Torres

Para Lalo la pizza era como una especie de salvavidas. Casi diariamente, a la hora de almuerzo salía del trabajo y corría para la pizzería de la esquina.  Hasta cuando invitaba a pasear a una chica, la cita concluía degustando una pizza.

Por suerte estoy flaco, pensaba Lalo, porque con tanta harina…Así, aquel día había querido celebrar con Ismael, su mejor amigo, el triunfo de su equipo de pelota favorito. Unas cervecitas y unas pizzas, les alegrarían la tarde.

Sin embargo, comenzaron con el pie izquierdo. Cuando les sirvieron el pedido, y Lalo probó aquello, protestó de inmediato:

–Camarero, me ha traído una pizza cruda por arriba y quemada por debajo.

–Ahhh…es un problemita del horno, que se recalienta –contestó el otro, sin inmutarse.

– ¿Y el queso agrio y el puré de tomate de tres colores a qué se deben? –preguntó Ismael, quien ya le había dado una mordida a su pizza.

–Es que el refrigerador no enfría bien y los productos envejecen, pero la cerveza sí la pusimos en el congelador desde anoche y al menos está fresca –contestó el dependiente, antes de voltearse a atender otra mesa.

Disgustados, los amigos intentaron salvar el momento, pero inevitablemente la conversación giró sobre las pizzas.

–Esta parece un zapato con esa masa tan gorda, es pan na’ma, por eso no se cocinó bien –dijo Ismael.

–A veces nosotros o no llegamos o nos pasamos, que a mí me han servido cada platillo volador, pa’ robarse la harina.

–Ni me lo digas, y luego está lo de los precios, que practican el alpinismo, porque empezaron por cinco pesos y ya por ahí las hay de 15, de 25 y hasta de 50.

–Lo peor es que cuando la pides de jamón tienes que buscarlo con una lupa, porque las tiritas son casi invisibles, pero también están las hawaianas tan raras, que si en Hawai se enteran, seguro tenemos un litigio internacional.

–Ismael, pero esas son las de moneda nacional, porque las otras son ruedas de carreta –lo provocó Lalo, antes de empinarse la cerveza avinagrada.

–Riquísimas, pero pa’ que soñar, que hasta las cajitas que te facilitan pa’ llevar, son estelares, con una foto en colores en la tapa y todos los datos del restaurante, impresos, eso sí valen…

El amigo lo interrumpió:

–Ahí sí diste en el clavo, que hasta por cómo te la sirven se puede adivinar la categoría de la pizza. La de cajita, está fuera de liga, y te puede llegar hasta por servicio a domicilio, pero también hay otras como las que vienen envueltas en papel bond, gaceta o un trozo de papel de estraza, que son las más corrientes –y agregó– si no fuera por lo difícil que es hallar el papel sanitario, algún sesudo le habría echado mano.

Ambos echaron a reír, olvidándose ya de celebrar la victoria deportiva.  El camarero, al verlos tan divertidos, comentó con la cajera:

–Esos dos, llegaron amarga’os, quejándose de todo y míralos ahora, tan contentos, la verdad es que lo último es trabajar con público… ¿quién entiende a la gente?

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