Archivo para cuento humorístico

RASTROS EN LOS RASTROS

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on mayo 9, 2018 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres
Hay que estar en el pellejo de quienes se enfrascan en reparar, ampliar o erigir su vivienda, para palpar las situaciones que se dan en los Rastros, donde se comercializan los materiales de la construcción.


Cemento, ladrillo y arena…cantaba el compositor y guitarrista José Antonio Méndez, y es una realidad que en Cuba hay un notable deterioro del fondo habitacional. Pero las familias de bajos ingresos o afectadas por catástrofes naturales, también pueden reparar o construir sus casitas, gracias a los subsidios para la compra de materiales y pago de mano de obra.


Sin embargo, la demanda supera a la oferta, así se dan fenómenos como el desvío de recursos, acaparamiento, mala calidad de los materiales y otras irregularidades que indignan a la población. Todo ello sin contar a los oportunistas que revolotean como moscones alrededor de los Rastros, para sacar su buena tajada de la reventa.
Al seguir el rastro de estos personajes y de otras situaciones disparatadas, que solo podrán ser resueltas con eficiencia, organización y control, los caricaturistas se han inspirado para hacernos reír con sus dibujos.

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¿Y CUÁL ES TU CONTRASEÑA?

Posted in Humor Informático with tags , , , on mayo 9, 2018 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres
A cada rato Carmen le pide ayuda a su vecino Lalo. “Es que estoy perdiendo la mente y se me olvida la contraseña de la computadora”, le dice. “Será lo de siempre”, contesta él, encogiéndose de hombros. “De tanto ocultar la edad, ya usted ni se acuerda del año en que nació realmente”, agrega.
Ofendida, la mujer se muestra tan reacia a revelar la información, que a Lalo no le queda de otra que exigirle el carné de identidad. En efecto, apenas teclea el día, el mes y el año de nacimiento, se soluciona el problema. Lo peor es que Carmen no es la única en ignorar sus advertencias sobre la poca seguridad que implica usar como contraseña: las fechas de cumpleaños, los nombres de las parejas, los hijos o las mascotas.
“La mía no hay quien la adivine”, lo reta su amigo Ismael. Y como Lalo no le hace caso, se ufana: “Para evitar que se me olvide la contraseña, uso la palabra CONTRASEÑA, y ya está, ¿soy o no soy un filtro?”. “Tupido”, le responde Lalo.

LAS COSAS QUE MÁS ME MOLESTAN

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on mayo 9, 2018 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres
Como un exorcismo, funciona el antiguo consejo de sacarse de adentro lo malo, para espantarlo aunque sea a escobazos. Y en los días que corren, aunque nos enorgullecemos de ser cubanos, por ser laboriosos, emprendedores y muy muy solidarios, a veces nos vemos en situaciones que, según la frase de moda, “nos estresan”.


En lo particular, comparto hoy con los lectores una selección de aquellas que a mí me molestan, con la esperanza de que la honradez, la sensibilidad, la buena educación, la justicia y el sentido común se impongan.
1. Que no me devuelvan el saludo.
2. El maltrato a las personas, a los animales y a las plantas.
3. La indiferencia ante lo mal hecho.
4. Pagar por el matojo de las cebollas y las zanahorias, así como por los trozos de tronco de los plátanos.
5. Ir a la farmacia y encontrar cuatro empleadas que organizan los medicamentos en los estantes, mientras solo una atiende al público y al teléfono.
6. Que no pueda adquirir mi cuota de pollo, por el faltante, y tener que cazarle la pelea en la Piloto, cada mes.
7. Correr un maratón por culpa de los choferes que ignoran las paradas.
8. El peloteo de los burócratas.
9. Los ruidos innecesarios.
10. La falta de espíritu deportivo de quienes ofenden a jugadores y árbitros en los estadios.
Al igual que nuestros caricaturistas y que yo, seguro ustedes tienen su propia lista, así que pa’fuera que como canta el dúo Buena Fe, lo malo se bota…

CÓMO ALARGARLA

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on mayo 9, 2018 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres
Un dolor en el pecho llevó a Lalo directo al cuerpo de guardia del Instituto Cardiovascular. Por suerte todo quedó en un susto, pues tras los exámenes de rigor, su corazoncito dio la talla.
Eso sí, el galeno que lo atendió le aconsejó que debía cambiar, si quería gozar de mayor calidad de vida. Y esa noche en su cama, Lalo meditó en cómo disminuir el estrés con la presión del trabajo, el corre corre tras las guaguas, los desesperados intentos por estirar los pesos de cara al mercado, el enfrentar problemas domésticos y su gran pasión por los chicharrones de puerco.
Martica, su hermana; Douglitas, su sobrino y su mejor amigo, Ismael, tan asustados como él, acordaron a sus espaldas una estrategia para ayudarle. Claro que, el asunto no era sencillo, por el temperamento de Lalo. Pero sus seres queridos tenían un propósito y un aliado: el abuelo Joaquín, médico jubilado.
—Si todos los días se habla en el noticiero de la cantidad de viejos que hay en Cuba y de lo llenos de vida que están, estudiando en la Universidad y hasta echando competencias de baile, cómo es posible que el cabezón de mi hijo, vaya a estirar la pata tan joven— razonaba el viejo, frente al azorado auditorio.
— ¿Entonces mi tío se va a morir? —preguntó Douglitas, entristecido.
—Papá, tú siempre con tus exageraciones— le abrió los ojos Martica.
—No me regañes más y pongamos en práctica el plan.
Aquel domingo cuando Lalo salió del cuarto, se llevó la grata sorpresa de que ya su sobrino había comprado el pan. Martica le tenía preparado el desayuno y su amigo Ismael esperaba con el periódico Juventud Rebelde dominical, en mano.
—Tremenda cola tuve que hacer y si vieras como se fajaron…
Sin dejarlo concluir, Joaquín intervino:
—Pero lo importante es que lo compraste y está buenísimo, mira por ejemplo, aquí se explica lo de la sequía y en la página de las noticias internacionales se analiza lo de las explosiones en…
—Papá, mejor ve a la página humorística del dedeté— lo atajó Martica.
Ismael agarró la seña y enseguida agregó:
—Eso es, humor, mucho humor, humor del bueno, te prometo que esta semana agarro a mi vecino Narciso, el dibujante, para que me consiga un Palante, que aunque ya sale quincenalmente y triplicó la tirada, todavía no es fácil empatarse con él. Pero olvídate de la “Página atravesada”, que ahí aparece cada crítica, y cuidado con Narciso, que es experto en hacer unas caricaturas eróticas bastante salidas. Bueno, lo que sí es seguro que mañana lunes por la noche veremos juntos el programa de Pánfilo.
Douglitas aprovechó para meter la cuchareta:
—Tío, tienes que jugar pelota conmigo pa’ que bajes la barriga, y dice abuelo que te busques una novia, que te haga cosquillas. Yo le conté que ya tienes una comiquísima, porque oí tremendas risas en tu cuarto, el día que suspendieron las clases por la tarde, en la escuela.
Entre avergonzado y divertido, Lalo los acusó de exagerados y les prometió que se pondría los espejuelos de la felicidad. Por eso soportó sin protestar los ladridos del perro de la azotea vecina, la música escandalosa de las bocinas portátiles del piquete juvenil, que el cajero automático le tragara la tarjeta, que el carnicero lo timara con lo del pollo faltante, y hasta se tomó el trabajo de echar en el contenedor, las bolsas de basura arrojadas por fuera.
—Ya puedo escribir el manual de CÓMO ALARGARLA— comentó satisfecho.
“Y seguro que todo el que lo compre, creerá que se trata de otra cosa y se llevará un chasco”, rio Ismael para sus adentros, dispuesto a provocarlo.
—A propósito, se comenta por ahí la idea de alargar la próxima serie de pelota, qué crees de eso y de cómo volverá a perder el equipo de…
—Cuidadito con lo que hablas de mi equipo, porque ahí sí…—lo interrumpió Lalo, y como se diera cuenta de la provocación, echó a reír, pensando en lo hermoso de una larga vida rodeado del cariño de familiares y amigos.

ESTE AÑO SÍ VA LA DIETA

Posted in Diario with tags , , , on mayo 9, 2018 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres
Desde hacía varios días el televisor de Lalo se veía como si le lloviznara dentro. Su hermana Martica ponía el grito en el cielo a la hora de la novela, porque entre lo que se perdía por cabecear medio dormida en el sillón y los infructuosos esfuerzos por adivinar los personajes, no conseguía hilar la trama.
Pero si aquel sábado por la mañana Lalo requirió la ayuda de su amigo Ismael para lo de la antena, no fue por su hermana, ni siquiera por el sufrimiento de su sobrinito Douglas frente a los ilegibles letreros de las películas. Lo que en realidad le impulsó fue su amor al deporte y la imposibilidad de disfrutar los partidos, con el televisor en aquellas condiciones.
—Me voy a subir al techo a orientar la antena, mientras tú miras la pantalla y me indicas si mejora la imagen —le propuso a Ismael.
Douglitas, se enojó al escucharlo.
— ¿Tío, por qué no me pediste ayuda a mí? —preguntó, ofendido.
—Mira, niño, hazme el favor, acaso no te acuerdas de la otra vez que casi cojo una insolación allá arriba porque entre tu mamá y tú me enloquecieron con la indecisión de vírala un poquito a la izquierda, que si falta un tin, que si todavía tiene fantasma.
—La culpa no fue de nosotros, sino del programa, porque cuando bajaste engorila’o nos dimos cuenta de que el asunto no era de antena, sino de que el documental era más viejo que mi abuelo, gasta’o de tanto ponerlo.
Ismael apurado porque todavía tenía que caminar un montón de cuadras para averiguar en la piloto cuándo le pagarían su cuota de pollo del mes anterior (que por no hacer la cola del primer día siempre era perjudicado por el dichoso “faltante”), intervino en la discusión, aplacando a los contendientes.
—Lalo, tú pa’rriba, y niño, tú calladito, que así te ves más bonito.
Aquello fue más fácil de decir, que de hacer, y es que cuando Lalo fue a subirse al muro para alcanzar la escalera de la azotea, la barriga le impidió coger impulso y casi se cae de cabeza.
Tras varios fracasos, aumentaron las burlas de Douglitas e Ismael. Con la dignidad herida, Lalo hizo un esfuerzo supremo y lo único que consiguió fue quedarse con el trasero al aire cuando se le rasgó el pantalón.
—Te lo he dicho un millón de veces, que después de comer no puedes echarte en el sofá a ver deportes —le dijo Martica, entre risas.
—Lo prometo, haré ejercicios y este año sí va la dieta —aseguró él, antes de irse a cambiar al cuarto.
Los demás se quedaron cuchicheando. Y es que si Lalo adoraba el deporte, jamás lo practicaba. Todo el día sentado frente a la computadora en la oficina y por la noche, en su fase de hombre-cojín, sumado a un insaciable apetito, tenía que dar por resultado aquellas libras de más.
Pero la historia de la dieta, esa sí era legendaria, cada año nuevo él juraba solemnemente que se despediría de los buques de comida, de las cervezas y de los dulces caseros, que tanto le apasionaban.
Solo que el propósito siempre se quedaba en eso, en puro propósito. Por eso, al oírlo con el mismo cuento nadie le creyó una palabra.
—Quiten esas caras —dijo él, de regreso al patio, en bermudas— esta vez sí es en serio. Diré adiós a los chicharrones y le meteré mano al pollo…
— ¿Al pollo?, con la cantidad de grasa que tiene —inquirió Ismael, recordando las bolas de pellejos pega’os que le zumbaban en la carnicería, que sumados a la cantidad de hielo, reducían su ya menguada cuota. Y claro, ahí mismo se le arrugó la cara al pensar que todavía debía ir a luchar la posta pendiente.
—No me dejaste terminar, iba a decir al pollo hervi’o, pero también pienso comer mucha ensalada como me recomendó la doctora.
— ¿Ensalada? —le preguntó la hermana con ironía— Ahhh…sí, de aguacate, pimientos, tomates, habichuelas, zanahorias…claro que será cuando te compres el carro y te pongas a botear.
Sin entender de qué iba aquello, Douglitas creyó entusiasmado que su tío de verdad se iba a comprar un auto.
—Cómprate uno de carreras —sugirió el inocente, provocando un coro de carcajadas.
— La carrera la tengo que echar yo hasta la piloto —protestó Ismael— así que decídanse si por fin van a orientar la antena.
Lalo, a quien el sobrino le había alegrado el día, contestó:
— Creo que la voy a dejar como está, para matar dos pájaros de un tiro: así en lugar de repocharme en el sofá, me doy la caminadita hasta tu casa cuando quiera ver un partido y, dado que eres tan “esplendido”, no podré picar nada en tu refrigerador, por lo que como prometí este año sí va la dieta…

¿Y CÓMO SABER QUE LLEGÓ DICIEMBRE?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on diciembre 21, 2017 by mercybroma

Caricaturas: José Luis

Hasta los amarga’os de plantilla sacan su sonrisita el último mes del año. Las familias enloquecen, las calles parecen colmenas, todo el mundo jaba en mano, los comerciantes se ponen las botas y las alcancías exhalan su último aliento.

Cómo uno sabe llegó diciembre, pues muy fácil, basta con estar atento a estas señales:

    La suegra se pone cariñosa

La mamá de tu pareja, enemiga declarada de toda la vida, de repente te cocina tu dulcecito preferido, y lo que es peor de buenas a primera, te abraza y casi te asfixia, como serpiente con su presa (pero, en buena onda, claro está). Su fin oculto, pasarse los días feriados con sus “pichoncitos”. La idea de lo que te espera, te lleva a pensar en un monigote de trapo, de los que queman la víspera del año nuevo, en Ecuador, y hasta acaricias la fosforera que llevas en el bolsillo.

    Tu esposa contrae la fiebre del agua

Aquellas telarañas hermosas que durante meses colgaron apaciblemente sin incomodar a nadie, se convierten en blanco de hostilidades. Al ver a tu esposa con la escafandra de rolos, disfrazada de espantapájaros con un pullover deshilachado y un short desteñido,  amenazándote con la escoba y el balde, te preguntas a dónde se ha ido la trigueña sonriente con la que te casaste. De nada te vale protestar, porque te insultará “que con un haragán en la casa es suficiente”, así que agarras el palo, y te pones a sacar agua. En ese momento ella te recuerda que el 31 hay que echar un cubo de agua por el balcón pa’ la buena suerte.

    Tu hija monta una pataleta por ropa interior rosada

“Pa’, tú vives en otra galaxia, nunca te enteras de nada”, te dice en la cara.  Y después te explica que es moda usar ropa interior color rosa para atraer al amor en el año nuevo. Ahí reparas en que el tiempo ha pasado desde que le llevabas el catre a tu princesita, al círculo infantil. Tendrás que abrir bien los ojos para espantar a los tiñosos que la empiecen a rondar. Aprovechas la oportunidad para darle una charla de educación sexual a tu hija, y después de media hora descubres que no te ha oído ni pío, porque lleva puesto los dichosos audífonos.

   Un primo te pide prestada una maleta

“¿Vas a viajar?”, le preguntas al muchachón que anda como loco en busca de una maleta. “No, primo”, te responde, “es para darle la vuelta a la manzana con ella vacía, en la nochevieja, a ver si me empato con el avión”. Rebuscas arriba del escaparate y encuentras una de madera, de aquellas que se usaban para ir a la escuela al campo. Pero, qué va, él la quiere de las de rueditas, no vaya a ser que en lugar de un gira por al extranjero, le suenen un viaje a la manigua.

  Tu mejor amigo rompe con la novia

Cuando un socio pasa por un mal momento, hay que apoyarlo, no queda de otra. Y más si sufre mal de amores. Por eso sabes que contarás con un comensal más pa’ la comidita de fin de año. Al enterarse de que está invitado a compartir con la familia, el tipo se pone sentimentalón, pero enseguida se anima y te dice se encargará de la “pirotecnia callejera”. Por lo que además de pegar la gorra, tu amigo se convertirá en un peligro con patas, al que tendrás que vigilar de cerca.

   La vecina deja de acosarte con sus quejas

Ya no la molestan los ladridos de tu mascota, y hasta le guarda los huesitos de pollo. La música alta que escucha tu hijo, en lugar de atormentarla como antes, ahora le infunde energías para realizar sus quehaceres. Comienzan las insinuaciones, al estilo de: “¡Vecino, se huele que el puerquito está presente!”. Taimadamente se gana su bistecito y la cervecita, que ya te advirtió que tiene la presión arterial bien controlada.

   El jefe te invita a tomar café en su oficina

Tienes que ponerte duro para que no te convenza, que hace ya cinco años que te toca trabajar el 31. “Es que tú eres mi mano derecha”, te guataquea él. Pero como ya estabas preparado, contraatacas con el pretexto de que tienes pasaje sacado para ir con la familia a Cabaiguán. La estratagema da resultado, el hombre se traga la guayaba, pero ya sabes que el próximo año bajaste de categoría. De mano derecha, pasarás a ser la parte baja de la espalda del departamento.

   El bodeguero se escapa para el Festival de Cine Latinoamericano

Cada vez que vas a comprar los mandados tu viejo bodeguero, cinéfilo de corazón, te cuenta el argumento de las películas que vio el día anterior en el festival. Y con la nostalgia por los clásicos filmes españoles, rememora la tradición de las 12 uvas que se comen en cuenta regresiva, y hasta se pone romanticón al recordar las escenas del beso debajo del muérdago. A ti, que jamás has visto una rama de muérdago, lo que te dan ganas es de estrangularlo, pero como son días de alegría y bienestar, exhibes la mejor de tus sonrisas.

 

Si estas señales no fueran suficientes para enterarte de que ya el año se puso viejo y tú también, piensa en las veces que los chamas te llaman tío, en las que te sorprendes masticando en el aire o en la cantidad de medicinas que tienes que comprar con el tarjetón en la farmacia. Pero olvídate de los achaques y de los contratiempos, que después de 12 meses de trabajo y esfuerzos, bien te mereces la alegría de celebrar con la familia, los amigos y vecinos. Date una tregua, aléjate del celular, baila, diviértete y sobre todo nada de mala cara cuando descubras que en el intercambio de regalos lo que te tocó fue un cojín.

ESCARMIENTO PARA LOS ESCANDALOSOS

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , , on diciembre 14, 2017 by mercybroma

Caricaturas: José Luis

Cuando Ismael llegó a visitar a su amigo Lalo se sorprendió de encontrarlo peleando en voz alta y con el televisor apagado.

—¿Socio, acaso tú no me avisaste que hoy ponían un documental buenísimo sobre novedades tecnológicas en el canal Multivisión? —le preguntó.

—Sí, y estoy en corte porque ya empezó, pero es imposible oír nada con la debacle sonora de este barrio. Primero fue el pregón grabado “el bocadito de helado”, acompañado de una música espeluznante, después alguien voceó “el pan suave, calenticooo…” Y detrás el vendedor de escobas, recogedores plásticos y palitos de tendederas me dejó sordo con su silbato.

Como para reafirmar lo dicho por Lalo, un perro empezó a ladrar desaforadamente desde una azotea, las paredes temblaron por el ruido de un martillo neumático en la calle, más allá se oyó la sierra del vecino carpintero y por si fuera poco, se extremó el claxon de algún impaciente.

A Ismael no le quedó otro remedio que darle la razón a su amigo:

—Si yo te dijera que anoche no pude pegar un ojo debido a que se disparó la alarma de la tienda de los bajos de la casa y estuvo sonando hasta hoy por la mañana, sin que nadie se dignara a apagarla — y añadió— ahora mismo venía en un ómnibus donde el chofer nos torturó con una música horrible y unos berridos, que parecía que estaban matándolo.

Martica, la hermana de Lalo, que acababa de salir del cuarto, se sumó a la conversación:

—En mi caso lo que sucede es que a causa de las guardias nocturnas, tengo que dormir de día y no consigo descansar por culpa de la escuela que tenemos al frente donde no se sabe quién grita más si los estudiantes o los maestros, eso parece un coliseo romano.

Lalo reflexionó sobre la fatiga auditiva y sus daños al organismo. A lo que Ismael acotó:

—Lo peor de todo es la impunidad, porque si le llamas la atención a alguien por gritar de balcón a balcón o por poner una música demasiado alta en una fiesta, te lo echas de enemigo para toda la vida. Si lo denuncias, la multa es irrisoria y el de la bachata se excusa en que le dieron un permiso hasta medianoche.

Para ponerle la tapa al pomo se escuchó una música estridente que venía del portal. Era Douglas, el hijo de Martica, con sus amigos de la escuela, escuchando una bocina portátil con el volumen al máximo, mientras esperaban el turno para jugar al fútbol en la calle.

Ante los regaños de los adultos, la tropa infantil, reaccionó con un traslado de campamento hacia el parque cercano. Y fue entonces cuando a Lalo se le ocurrió la extravagante idea.

—Existe una forma de ponerle el cascabel al gato, pero nunca sería con multicas ni regaños, sino con un sistema de castigos para los transgresores de la tranquilidad.

—¿Castigos? —inquirió la hermana.

—Sí, deberíamos sentenciar a los gritones a soportar veinte tandas seguidas de alguna película de la época muda. Someter al chofer de la guagua en que vino Ismael, a varias sesiones de ópera para ver si aunque sea se le refina el gusto. Ahhh…y se me ocurre que pudiéramos obligar a los pregoneros escandalosos a hacer colas con la mollera expuesta al sol, por ejemplo, en el mercadito de 23 y 6, tal vez la insolación les deje sin energías para chillar —le contestó Lalo.

—Propongo que a los cocheros que vociferan y maltratan a sus animales, se les castigue a palear estiércol en cualquier granja —dijo Ismael.

Para no quedarse atrás, Martica enumeró otros ingeniosos correctivos:

—Me encantaría ponerles a dieta y que solo pudieran comer frutabombas maduradas con líquido matarrayos; meterlos de cabeza en una cafetería a freír croquetas explosivas durante toda una jornada o forzarles a averiguar, por el celular y gastando su propio guaniquiqui, en qué farmacia surtieron las pastillas de Dipirona para que después tengan que zumbarse la cola.

Durante un buen rato Lalo, Israel y Martica se divirtieron con la idea de aplicar escarmientos ejemplarizantes como lección a los alborotadores.

En la lista de sentenciados incluyeron a los irrespetuosos del dolor ajeno que lo mismo arman un jaleo en un  hospital, durante la visita a un enfermo, que en la funeraria, durante un velorio. Hasta los contentos habituales del ron y el dominó se llevaron lo suyo.

La diversidad de castigos les resultó hilarante. Idearon suplicios de la magnitud de: contar los fósforos con cabeza, dentro de cien cajitas; caminar hasta darle caza a laticas de refrescos fríos en pleno verano; organizar una fiesta de quince con el presupuesto ajustado al salario o realizar trámites interprovinciales para permutar viviendas.

Tal entretenimiento ayudó a que a Lalo se le pasara la irritación y el mal humor, por eso con su optimismo de siempre, embulló a su hermana y al amigo, a que le acompañaran a disfrutar del juego de fútbol infantil en el parque. Eso sí, por el camino, entre los tres cocinarían la estrategia para que los ruidosos peques recuperaran la pasión por las hermosas temporadas beisboleras del barrio.