Archivo para pizza

¿A QUIÉN NO LE GUSTA LA PIZZA?

Posted in Humor costumbrista with tags , , , on junio 1, 2017 by mercybroma

¡QUÉ RICOOO…!

Por: Mercedes Azcano Torres

Para Lalo la pizza era como una especie de salvavidas. Casi diariamente, a la hora de almuerzo salía del trabajo y corría para la pizzería de la esquina.  Hasta cuando invitaba a pasear a una chica, la cita concluía degustando una pizza.

Por suerte estoy flaco, pensaba Lalo, porque con tanta harina…Así, aquel día había querido celebrar con Ismael, su mejor amigo, el triunfo de su equipo de pelota favorito. Unas cervecitas y unas pizzas, les alegrarían la tarde.

Sin embargo, comenzaron con el pie izquierdo. Cuando les sirvieron el pedido, y Lalo probó aquello, protestó de inmediato:

–Camarero, me ha traído una pizza cruda por arriba y quemada por debajo.

–Ahhh…es un problemita del horno, que se recalienta –contestó el otro, sin inmutarse.

– ¿Y el queso agrio y el puré de tomate de tres colores a qué se deben? –preguntó Ismael, quien ya le había dado una mordida a su pizza.

–Es que el refrigerador no enfría bien y los productos envejecen, pero la cerveza sí la pusimos en el congelador desde anoche y al menos está fresca –contestó el dependiente, antes de voltearse a atender otra mesa.

Disgustados, los amigos intentaron salvar el momento, pero inevitablemente la conversación giró sobre las pizzas.

–Esta parece un zapato con esa masa tan gorda, es pan na’ma, por eso no se cocinó bien –dijo Ismael.

–A veces nosotros o no llegamos o nos pasamos, que a mí me han servido cada platillo volador, pa’ robarse la harina.

–Ni me lo digas, y luego está lo de los precios, que practican el alpinismo, porque empezaron por cinco pesos y ya por ahí las hay de 15, de 25 y hasta de 50.

–Lo peor es que cuando la pides de jamón tienes que buscarlo con una lupa, porque las tiritas son casi invisibles, pero también están las hawaianas tan raras, que si en Hawai se enteran, seguro tenemos un litigio internacional.

–Ismael, pero esas son las de moneda nacional, porque las otras son ruedas de carreta –lo provocó Lalo, antes de empinarse la cerveza avinagrada.

–Riquísimas, pero pa’ que soñar, que hasta las cajitas que te facilitan pa’ llevar, son estelares, con una foto en colores en la tapa y todos los datos del restaurante, impresos, eso sí valen…

El amigo lo interrumpió:

–Ahí sí diste en el clavo, que hasta por cómo te la sirven se puede adivinar la categoría de la pizza. La de cajita, está fuera de liga, y te puede llegar hasta por servicio a domicilio, pero también hay otras como las que vienen envueltas en papel bond, gaceta o un trozo de papel de estraza, que son las más corrientes –y agregó– si no fuera por lo difícil que es hallar el papel sanitario, algún sesudo le habría echado mano.

Ambos echaron a reír, olvidándose ya de celebrar la victoria deportiva.  El camarero, al verlos tan divertidos, comentó con la cajera:

–Esos dos, llegaron amarga’os, quejándose de todo y míralos ahora, tan contentos, la verdad es que lo último es trabajar con público… ¿quién entiende a la gente?

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Lalo y las pizzas

Posted in Humor costumbrista with tags , on junio 4, 2009 by mercybroma
Un perrito habanero

Un perrito habanero

Por: Mercy Azcano De guiarse por su intuición, Lalo habría regresado directo a casa aquella tarde y el primer tropiezo fue que al intentar recoger los papeles de la vivienda no pudo porque quien debía entregárselos estaba en el horario de almuerzo. Enojado, Lalo se dirigió al parqueo para retirar su vehículo. Tan pronto introdujo la llave en la puerta se le acercó el parqueador, un tipo fornido, más apto para levantar pesas que para permanecer sentado vigilando autos, todo el día. Cuando Lalo le pagó cuarenta centavos, el parqueador permaneció con la mano extendida, mientras se le coloreaban los cachetes y se le inflaban los bíceps. De ahí que nuestro hombre no tuvo más remedio que despedirse de un peso para dárselo al mastodonte que volvió a su estado normal. A continuación Lalo se introdujo en el auto y arrancó a velocidad vertiginosa. Como no había comido nada estacionó frente al mostrador de una cafetería particular dispuesto a gastar sus últimos seis pesos en una pizza. Marcó en la cola de cinco personas, aturdido por una música estridente, dirigida a atraer clientes, que retumbaba desde dos potentes bocinas. En lo que le despachaban a los otros una preocupación le asaltó: ¿se habría vuelto daltónico? Ante él desfilaban unas pizzas de masa negra como el carbón, cubiertas de un queso de sospechoso color verde y de un puré de tomate naranja, al parecer pálido de la vergüenza. -¿Y eso vale seis pesos? –inquirió Lalo, escéptico. -Vamos “puro”, deje la tacañería, que la vida es corta –aseveró el dependiente. Ya se preparaba Lalo para discutir la relación filosófica entre la existencia humana y aquel engendro culinario, cuando escuchó una voz femenina, proveniente de la cocina: -Lachy ten cuidado que te vas a quemar. -Ja, ja, ja…, seguro se trata de un chico travieso- dijo Lalo para relajar la tensión. -No, es el perro de la dueña que cada vez que se abre el horno mete el hocico y al día se come hasta tres pizzas, sin contar las que mordisquea- contestó impasible el dependiente. -¿Un perro en la cocina? –se escandalizó Lalo. -Es un perro salchicha, de los ratoneros, él nos libra de los desgraciados bichos al cazar hasta una docena de guayabitos a la semana, ¿no es un bárbaro? “Hoy he tropezado con demasiados bárbaros”, pensó Lalo, mientras se alejaba…