Archivo para Premio Nobel de Literatura

RODOLFO SÍ MERECE EL NOBEL DE LITERATURA

Posted in Humor costumbrista with tags , , , , on junio 1, 2017 by mercybroma

Por: Mercedes Azcano Torres          Ilustración: José Luis

Pese a la llovizna, Lalo y su amigo Ismael prefirieron acomododarse en los sillones del portal, mientras aguardaban por el café de Martica. Y es que la hermana de Lalo les había dado una tremenda sorpresa al enseñarles un paquetico de Cubita, que tenía escondido para animar la tarde dominical.

Los amigos conversaban de literatura, específicamente de la sorprendente adjudicación del Premio Nobel de Literatura 2016 al cantautor norteamericano Bob Dylan.

-La Academia partió el bate –dijo Lalo, y añadió- por una vez los suecos se han hecho los suecos con los críticos y han galardonado a un poeta de la canción.

-Bahhh…, los jurados siempre son injustos, porque estoy seguro de que mi amigo Rodolfo se lo merecería más que el Dylan ese –farfulló el otro.

Aquello le pareció un disparate a Lalo, pero acostumbrado a las desatinadas conclusiones de su amigo, lo instó a que argumentara su afirmación. Y ni corto ni perezoso Ismael le contó:

“Seguro tú has entrado al feo y sofocante local, que está en la misma esquina de la calzada y que eufemísticamente llaman tienda comisionista. Bueno, allí se amontonan como familia disfuncional jabones de baño, de lavar, sábanas, detergentes líquidos, frazadas de piso, blusas estrafalarias, trusas para niños distróficos, hebillas pasadas de moda, cintos, zapatos ridículos, velas, y otros muchos artículos cubiertos de una gruesa capa de polvo. Sin embargo, algo distingue ese museo de lo absurdo, algo que lo hace único y especial. Ese algo son los cartelitos que redacta Rodolfo, en un genial ejercicio de síntesis y abstracción. Tenemos por ejemplo el de: Cepillo plástico adulto (duro). Apenas cuatro palabras para describir un útil cepillo de dientes para personas mayores, aclarando su cualidad esencial: es duro. La lista de letreros es larga, pero los más brillantes son: Blusa embarazada, Pionero a 150 el par, Mercancía de lento movimiento, Merma comercializable y Colonia revitalizante”.

Lalo reprimió la risa y le dio cuerda a Ismael para ver hasta dónde llegaba.

-¿Y de dónde conoces tú al tal Rodolfo? –preguntó.

-De siempre, porque mi abuelo era amigo del suyo, y por cierto, el talento le viene en herencia. Y es que su abuelo, genio del comercio, fue uno de los inventores de los famosos convoyados aquellos que obligaban a la gente a cargar con un sartén, cuatro vasos plásticos y unas maracas, para empatarse con un tubito de desodorante, muy apreciado en esa época. También el viejo puso lo suyo en los letreros: Talco de pie, Jabón de niños y Croquetas de ave (averigua).

Tras escuchar aquella sarta de tonterías, Lalo pensó que el otro le tomaba el pelo. Pero el tono solemne del discurso de Ismael, le hizo comprender que estaba firmemente convencido de la justicia de sus razonamientos. Por suerte Martica llegó con las tazas de café y se hizo una pausa en el diálogo.

-¡Qué sabroso te quedó! –la halagó Ismael.

Y el hermano de la muchacha, sin poderse contener, bromeó:

-A que también se merece el Nobel de Química por el café.

Intrigada, Martica se interesó por el tema de la conversación, y tras explicarle brevemente, Ismael siguió con su cháchara:

“A mi juicio, Rodolfo tiene tremendo mérito, porque si Miguel de Cervantes gastó tantas páginas para contar la historia de un tipo que perdió el seso, estoy seguro de que mi amigo resumiría eso en algo así: Loco caballero, se piró con su escudero. Rodolfo le gana ventaja a Shakespeare, a Dante, a Quevedo, porque si se editaran las obras completas de mi socio, con cinco páginas bastaría. Modernidad, creatividad y síntesis”.

Martica intuyó la tormenta que se avecinaba al ver los tres surcos que se abrieron en la frente de Lalo, como clara expresión de su enojo. Por eso, trató de suavizar.

-Alaba’o, Ismael, pero eso de aspirar al Nobel de Literatura está un poco exagerado.

-Coincido contigo, Martica, pero cuando le he dicho a Rodolfo que tal vez podría conformarse con el Premio Nacional de Literatura, siempre me dice lo mismo: que no acepta premios de consolación.

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